LA BUTACA DEL CORONEL

Llamadas telefónicas. Por la tarde del veintiocho, recibí una llamada de mi madre para saludarme por Fiestas Patrias. Parece que la distancia y el costo de los servicios nos hubieran obligado a mantener, por lo general, conversaciones de corte telegráfico; pero luego, con el calor de la charla, nos olvidamos del poco crédito que nos quedaba. Tengo un minuto y cuarentidós segundos, me dijo esta vez, y luego nos deshicimos en carcajadas, como de costumbre, o mejor dicho, burlándonos del ritual introductorio que acompañaba nuestras comunicaciones desde que me fui de casa. Luego, me contaría dos o tres chismes familiares y me preguntaría cómo estás, mi vida, qué tal has dormido, dime, cómo van las Fiestas, yo, acá, pues, aburrida, con tu padre al costado que no hace sino sacarle brillo a los botones y medallas, está entusiasmado porque lo han invitado al desfile y, bueno, mi madre no pudo terminar su monólogo porque se le acabó el minuto con cuarentidós segundos.

Dos horas después. Estaba por descorchar un Cabernet Sauvignon en el kitchenet cuando no muy lejos, al lado del ordenador, mi celular volvió a timbrar. 01987000. El típico número de los que me llaman con el crédito de una tarjeta. Hola, bruja, te quedaste sin crédito, dije al contestar. No es tu mami, campeón, soy yo, el viejo. Papá estaba en la línea. Tengo tres minutos con veintiún segundos, y como tu madre se ha tirado todo mi crédito hace un momento, ahora me toca a mí, y no me pidas que te la pase porque no lo haría. Me di cuenta que seguían rifándose mi cariño, más ahora que no vivo con ellos. No hay problema, brujito, dale, nomás, qué planes para el desfile, le preguntaba mientras probaba la salsa de carne y tomate sobre la hornilla. Mira, hombre, nosotros, los ex-militares, siempre estamos listos para la acción. ¿Te acuerdas cuando ibas de niño, con tu madre, a la Parada Militar de la avenida Brasil para verme desfilar? Claro, brujito, cómo olvidarlo: todo recio, con paso marcial, bufanda celeste, como buen Infante, y metralleta al pecho; se me había pasado un poco la sal, pero aún así la salsa estaba buena. Claro, claro. Oye, ¿sabes por qué el cielo es celeste? La verdad que no, brujito, por qué. Es simple, fíjate, es porque Dios también es Infante, ja, ja, ja. Qué buena, brujito, tú siempre fresco; y realmente no estaba tan mal la salsa. Luego continuó: oye, te cuento que me han invitado al estrado de los Comandos. Qué gusto, brujito, le decía en tanto agregaba un poco de laurel y parmesano. Mira, tienes que cuidarte, me dijo, hacer deporte y alimentarte bien; ah, ¡carajo! Se me corta la llamada, ya sonó, mañana te cuento, no sé si llevar mi espada.

Me desperté pasada la una de la tarde. Otra vez el insomnio. No me quedó más que leer hasta el amanecer, luego cedería al ardor de mis ojos. Calenté el saldo de los ravioles de ayer y me serví un poco de vino. En la tele, estaban trasmitiendo el paso de los batallones que cerraban la Parada Militar de 2005. Me acordé que papá quizás seguiría por allí, entre la gente, lejos de casa, entonces verifiqué mi crédito en el celular: un minuto con catorce segundos. Llamé a mamá. Brujita, me quedan… mi vida, me interrumpió, tu papi se ha puesto mal, lo he llevado de emergencia al Hospital Militar. Yo permanecía callado, viendo a papá desfilar con gallardía al frente del pelotón, sentía que los ravioles se descomponían en mi estómago. No quiso ni quitarse el uniforme, prosiguió mamá, se puso mal antes de salir, lo he internado, se le complicó lo de siempre, ya sabes; lo he dejado en observación, me dio una pena, yo he venido por su pijama y unos papeles. Aló, mi vida, ¿estás ahí?, aló. ¿Aló?

9 Comments

  1. Los imprevistos que nos cercan y arremolinan en preguntas…

    La irrupción en la cotidianidad, y el afecto agolpado…todo, todo se concentra y nos hace vulnerables. Sólo sé óscar que es preciso sonreírle al padre, a la madre, a quienes son parte de nuestra existencia. Si repartimos sonrisas al vecino que se nos cruza, ¿cómo no vamos a ser amorosos con quiénes son pedazos nuestros y de los cuales nosotros también somos pedazos?

    Si este post no ha sido un relato/ficción, espero que tengas serenidad en el instante preciso.
    Si es un post/ficción, me reconforto y sigo leyéndote.

    Óscar, me concocan tus posts a la lectura, si est´ss de acuerdo, me gustaría poner un link de tu ‘Nuvolaglia’ en el puerto.

    Salutes.

  2. Anónimo

    MI PADRE
    un zapatero

    Tenía un gran taller. Era parte del orbe.
    Entre cueros y sueños y gritos zarpazos,
    él cantaba y cantaba o se ahogaba en la vida.
    Con Forero y Arteche. Siempre Forero, siempre
    con Bazetti y mi padre navegando en el patio
    y el amable licor como un reino sin fin.
    Fue bueno, y yo lo supe a pesar de las ruinas
    que alcancé a acariciar. Fue pobre como muchos,
    luego creció y creció rodeado de zapatos que luego
    fueron botas. Gran monarca su oficio, todo creció
    con él: la casa y mi alcancía y esta humanidad.
    Pero algo fue muriendo, lentamente al principio;
    su fe o su valor, los frágiles trofeos, acaso su pasión;
    algo se fue muriendo con esa gran constancia
    del que mucho ha deseado.
    Y se quedó un día, retorcido en mis brazos,
    como una cosa usada, un zapato o un traje,
    raíz inolvidable quedó solo y conmigo.
    Nadie estaba a su lado. Nadie.
    Más allá de la alcoba, amigos y familia,
    qué sé yo, lo estrujaban.
    Murió solo y conmigo. Nadie se acuerda de él.

  3. Anónimo

    los caballos eran más reales
    que mi padre
    más reales que Dios
    y podían haberme pisado
    pero no lo hicieron
    podían haberme hecho cualquier cosa horrible
    pero no lo hicieron…

    me enseñaron tantas cosas que mis padres
    nunca me enseñaron, y
    también me gusta pensar en Carson McCullers
    con su Café Triste y Ojo dorado.
    ella me enseñó muchas cosas que mis padres
    nunca supieron…

    y aún cuando se parecían a mis padres
    en realidad no había ninguna similitud…

    -pienso en mi padre,
    en maestros de escuela, en caras, en las monedas y billetes; en sueños
    de asesinos de ojos fríos; bueno,
    de alguna forma este tipo y yo llegamos a cruzar miradas
    una furia lentamente comienza a acumularse: somos enemigos,
    gato y perro, cura y ateo, fuego y agua; la tensión crece,
    bloque sobre bloque apilado, esperando el choque; nuestras manos
    se abren y cierran, cada uno bebe, ahora, finalmente con un propósito:
    su cara se torna hacia mí:
    “¿alguna cosa te molesta?”
    “sí. tú”
    “¿quieres algo
    para arreglarla?”

    “seguro.”
    terminamos nuestros tragos, no paramos, nos movemos hacia el
    fondo del bar, afuera en el callejón; nos
    damos vuelta, mirándonos cara a cara.
    le digo, “no hay más que aire entre nosotros. ¿algo
    para cerrar el hueco?”
    él se precipita hacia mí y de alguna forma es una parte de una parte de la parte…

    El debería de haber sido mi padre, y lo que mas me gustaba
    era lo que decía una y
    otra vez: “Nada vale la
    pena.”

    Era un
    sabio…

    by Charles Bukowski

  4. VIR: Gracias, por considerarme en tu puerto y de hecho que me agradaría figurar en él. Sabes, tienes mucha razón con eso del cariño a los familiares; es un conflicto esta sensación parricida se tiene con todo o con casi todo; al final, la literatura es sólo eso: literatura, y los otros, son la realidad.
    *********************************

    Los relatos anónimos respecto al padre, incluso el de Bukowski, guardan siempre esa sensación tímida de cariño y afecto que tienen los hijos hombres hacia con sus padres. Si el loco de Freud tuvo razón en algo, creo que fue en EL COMPLEJO DE EDIPO. Ahí seguimos el viejo y yo. Él con lo suyo y yo con lo mío, además, siempre en el centro, mi madre.

    Al final es como lo que dice Vir: sólo somos pedazos de algo, y en esa valía, la felicidad es también un pedazo, o sea, un instante, y en el mejor de los casos, un cúmulo de estos.

    Gracias por escribir en estos muros.

  5. Hay veces en que unos escriben para otros. Como cuando piensas que un libro lo escribieron para ti. En este isntante, acabo de pelearme con mi viejo por una de las tonterias, de esas de toda la vida, y me pongo a navegar para olvidarme (o no mostrarle importancia) y termino leyendo esto… y me confundo y no se si agradecerte o si darte animos y decirte “no te preocupes… es pasajero”. Aquí es cuando pienso que no te lo digo a ti, sino a mí. Sí, es pasajero, como el dolor, como la preocupación y como nuestros padres… me acabo por sentir mal. Pita, ojala tu Coronel esté mejor, un saludo fraterno acompañado de un abrazo.

  6. Prodaction Prodactions

    El blog donde nuestros expertos publicarán artículos de opinion sobre temas de técnicas de extorsión, manipulación de masas, farandula postneopop, la criollada superlativa y el cochineo críptico y multifacético…

    prodactions.blogspot.com

  7. Óscar, no se si sea realidad o ficción lo que relatas en tu excelente texto. Lo tomaré como realidad: mi padre también es militar, y ahora justamente lo tengo con un grave problema de salud, irreversible. Y se de lo que hablas, de ese amor que nuestros padres se disputan por nosotros, pero lo hacen con un gran amor. Para mi no hay belleza mayor en este mundo que leer un texto adonde solamente veo belleza, esa belleza que solamente una vez en la vida aparece: nuestros padres.

    Que todo esté bien.

  8. Gracias por preocuparse. Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas. Todo bien, hasta ahora.

    Anoche vi en el cineclub a mi amigo Antolín y sólo nos saludamos como siempre. No había leído el comment hasta ahora. Vimos “La pianista”. Perdurbadora y escabrosa. Todo un personaje. De eso que me gustan por mucho tiempo. Bueno, y al final es como dice Antolín, hay gente que escribe lo que sentimos o algo semejante. Juegos invisibles. Voces inaudibles. Sucede, y esto lo digo sinninguna pretensión, que los autores que me gustan son los que han sabido dibujar muy bien algunas de las cosas que cruzan por mi cabeza y que, a veces, se estrellan frente a mí. Mis pensamientos.

    Ficción. Realidad. El mismo cuerpo cuerpo con diferente rostro.

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