UN BAÑO DE BURBUJAS, POR FAVOR



El Viaje de Chihiro (2001)

Escribir textos largos en la web merecen una disculpa anticipada y bueno, referir expresiones de admiración, emoción, exaltación y congoja ante las bien encuadradas escenas de un film, el sutil tratamiento de la luz, la performance de los personajes, el atrevido manejo de los exteriores y el control psicológico de las cámaras en los interiores; lo mismo con la banda sonora y los diálogos, la estupenda arquitectura, la decoración y más detalles podrían parecer absurdos si se trata de una animación. Pero claro, no es cualquier ánime, pues hablamos de la galardonada obra maestra de Hayao Miyasaki, ganadora de un Globo de Oro en el Festival de Berlín de 2002 y nominada al oscar a la mejor película de animación. Hayao no es ningún novato ni improvisado; el artista tiene más de 40 años de carrera y no, El Viaje… no es una cursilería infantil ni tembleca.

La pequeña Chihiro, una niña engreída de apenas 10 años, parte con sus padres rumbo a lo que sería su nuevo hogar. Claro, qué aburrido es mudarse de barrio, dejar atrás a los amigos a quienes sólo se les ve a través de recuerdos, pero Chihiro pronto hallaría otros y de los más extraños. El origen de todo: un error. Desde el inicio la trama se humaniza, indicándonos por medio de situaciones cotidianas que somos tan vulnerables como cualquier silvestre, y tal vez, no menos que Chihiro y sus papis, que al extraviarse en la ruta, han quedado al final de un gigante edificio rojo que además tiene un túnel negrísimo al centro. El túnel, la boca de la vida o la garganta de la muerte, los temores, la curiosidad, Sábato y otra vez más humanos que nunca. Bueno, se introducen en él, calmos, desconfiados pero no atemorizados y al final, ¡voilà! Es decir, más o menos. No encuentran la ruta hacia la nueva casa sino, un colorido pueblo fantasmal con calles anchas y vacías bajo una tarde de sol y, cosa rara, mesas con viandas sabrosas bajo los aleros de las fachadas, se ofrecían olorosas, provocadoras. ¿Y la gente? No importa, total, pagarían la comida ni bien apareciera el encargado, entonces, a comer se ha dicho y con esto, comprobamos que al placer inmediato no existe el temor. En cambio Chihiro, inocente, terca y curiosa, no probó ningún bocado. Estaba inquieta.

El Viaje de Chihiro es una historia en la que los detalles son el sostén de todo y sin caer en preciosismos, articulan las situaciones de apariencia insignificante con las principales, puesto que no hace falta explicar demasiado un mundo fantástico, ya que éste se asumen o no. Miyasaki quiere que todos seamos Chihiro y lo logra. El demiurgo director necesita tener un eje para contar su historia y cuál mejor que la frágil figura de una niña, provista de la inocencia natural que la vida nos arrebata demasiado pronto. Pánico. Chihiro siente pánico al retornar de su pequeña expedición y encontrar a papá y mamá, que hace poco estaban comiendo desesperadamente en la calle, convertidos en unos sebosos cerdos blancos, sentados sobre las sillas iniciales, eructando y tropezándose consigo mismos, para luego caer desmallados ante los ojos impávidos de la pequeña que, nada puede hacer. Ahí también estamos nosotros, impotentes, involucrados y confundidos porque no sabemos si ser Chihiro, la inocente pequeña, o los cerdos, imagen repudiable que por nuestra condición de adultos nos pertenecería pero, al diablo, mejor resulta ser como Chihiro, que sale corriendo al arrollo, espantada, y allí, es encontrada por el que se convertiría en su salvador: Haku. Un mozuelo misterioso que, convertido en un dragón blanco, protagonizaría sobre el final, en la inmensidad de un cielo celeste y amplio, la escena más memorable del film: la memoria como pretexto de la vida, la inocencia como rescate de la derrota, pues sin recordar nuestro nombre original se nos niega también la vida que compartimos con él y nos volcamos irremediablemente ante lo inmediato, buscando algo que nunca nos podrá pertenecer por completo. Quedé sobre el sofá convertido en una vieja chillona ¿Lo pueden creer? Llorar por unos muñequitos. Hasta en eso es inteligente en el film, puesto que, a pesar de saber todo el tiempo que se trata de animaciones que no niegan ni esconden su condición fantástica (levitaciones, apariciones, etc.) nos es más sencillo asumirlas semejantes a los humanos. Y acá se genera una interrogante: ya no sabemos qué es lo que somos: ellos, o nosotros; porque si somos nosotros, humanos, nos iría muy mal en ese mundo de dioses que vienen aquí en busca de un baño de burbujas. Así se lo explica Haku a Chihiro, luego de confesarle el destino de los humanos que irrumpen en ese lugar: engordarlos para comérselos pero no, tampoco se pongan fatales, si la peli a penas comienza. Claro, ese el drama de toda la historia: la liberación y el retorno de los papis de Chihiro a su forma primigenia pero antes de todo, convencer a la malvada Yubaba; porque hay solución, ¿verdad, Haku?


Chihiro, convertida en una especie de Alicia en el País de las Maravillas, se ve forzada por ella misma y mejor aún, por el amor a sus padres y es que nadie sería capaz de dejar a sus papis convertidos en cerdos y escapar, ¿o sí? Bueno, pero escapar no estaba en los planes de ella y saben qué, tampoco se podía. Estábamos en que se ve forzada a trabajar y convertirse en adulta –guácala– y desempeñar labores obreras. Lastima. Pena. Comprensión. Divertimento ante la brusca colisión de la desesperación con la inocencia y la ignorancia. Eso sentimos al ver a la pobre y adivinen qué: más drama. El hilo conductor se va fortaleciendo en tanto trascurre la historia y esto es logrado por la audacia de otorgarle a un mismo hecho (escena) diversos puntos de vista. No olvidemos que nuestro director es también sino un reconocido un talentoso escritor, del que Henry James hubiera tenido una agradable lectura. Catarsis. Los espectadores mediante la contemplación de la tragedia y mediante su participación anímica en la misma, someten su espíritu a profundas conmociones que sirven para purgarlo (en el sentido filosofal, no en el escatológico, por si hay caso), hasta aquí la definición sino se nos convertiría en una Valium. Entonces, no es casualidad que una orquestación semejante a las mejores escenas de Psicosis, Vértigo y Los Pájaros y digámoslo de una buena vez: al estilo del genio de Hitchcock, nos ensalce a su antojo. Sutilmente, claro está, pues no estamos matando a nadie y además, a pesar de ser la muerte quien impulsa a los personajes –al menos a nuestros engreídos–, su presencia es tomada con tanta gracia como distancia y esto es admirable. Pues resulta un facilismo declarado y un lugar común el usar a “la muerte” tan descaradamente para enganchar al espectador y, en literatura, al lector. No. Aquí no. La muerte se presiente por lo que ésta pueda infringir sobre nuestra existencia más que sobre nosotros, liquidándonos. El final. Es un final de esos que se recomiendan en los talleres de narrativa: debe de hacer clic al cerrarse la cajita y bueno, éste hizo doble clic y por favor, no visualicen un mouse. Me refiero a que mientras, de manera espléndida y frente a nuestros ojos, se cierra en la locación donde todo inició, a medida de engranaje comienza a rodar otra historia, detrás de nuestros ojos, en el mundo de la fantasia que no desea abandonar el Palacio de los Baños, a pesar de saber que todo no ha sido sino ficción pero, ya sabemos de lo torpe que se ponen nuestros sentidos ante tanta belleza.

4 Comments

  1. Anónimo

    Descenso a los infiernos clásico, referencias a mitos como los de Perséfone u Orfeo (comer algo del otro mundo, no mirar atrás al salir de allí), todo tratado sin violencia, con alto nivel de poesía, con mucho de “Alicia en el pais de las maravillas” y algo de “Fantasía”.Subliminalmente “El pricipito” y “Charlie y la fabrica de chocolates”.”Hilar sólo con magia no sirve”, dice la abuela. “Aunque a veces no lo recordemos, nada de lo que sucede se olvida”, vuelve a decir. “Veo a través de mí”,dice Chihiro. Para definir a la lietartura, la poesia o el ismo cine podríamos utilizar
    cualquiera de estas frases…

  2. Así es.
    Todo esa belleza plasmada,
    quedando en la retina/memoria de los niños, de nosotros.
    Pienso que esa belleza unida a la
    reflexión produce una experiencia
    estética/ética.

    Un muy grato salute Óscar.
    ¡Ah!,
    Polvos azules, stand 8 de sección video sarte. Si te mareas, preguntas d+onde esdtá la sección videos. Allí encuentras ‘El SS’.

  3. Hayao Miyazaki es de lo mejor del Japón. No se si has visto sus animaciones, ¡Panda, go Panda! me encantó.

    El Viaje de Chihiro es excelente, poética. Dicen que estos dibujos animados fueron realizados a mano, no en pc como ahora se estila (que los hay muy buenos). El personaje que me atrapó, fue Haku, bello, bello.
    Un gran film, sí que sí.

  4. Genial! Theremyn_4 también tocará después del conversatorio sobre blogs. A ver si nos reunimos antes para estructurar un poco el temario de esta actividad… Ya hablé con Luis Eduardo! Estamos en contacto.

    (por cierto ya te agregué a mi lista de contactos)

    Saludos

Leave a Reply