WELLS, HASKIN Y SPIELBERG

LA GUERRA DE LOS MUNDOS

“Nadie hubiera creído en los últimos años del siglo XIX que las cosas humanas fueran escudriñadas aguda y atentamente por inteligencias superiores a la del hombre y mortales, sin embargo, como la de éste; que mientras los hombres se afanaban en sus asuntos fuesen examinados y estudiados casi de tan cerca como pueden serlo en el microscopio las transitorias criaturas que pululan y se multiplican en una gota de agua”. Con el párrafo anterior inician las tres guerras: primero la del escritor Herbert Georges Wells en 1898 con la publicación del libro The War of the Worlds, luego la del film de Byron Haskin en 1957 y finalmente la “superproducción” de Spielberg en junio de 2005 también bajo el mismo título. Si antes no me he referido a esta saga, ha sido porque no recordaba mucho lo leído en el libro que, hace poco he releído. Sólo para no ser desconsiderado con alguien a quien admiro, Orson Welles, mencionaré que el 30 de Octubre de 1938 (día de los inocentes), durante la locución de un sintonizado programa radial y bajo el influjo de una apetecible mañana norteamericana, el locutor radial le cedió la palabra a Welles, que recitó en forma dramática las misma primeras líneas del libro; esto fue la introducción a la adaptación radial de la novela que un ingenioso Orson Welles hiciera y bueno, ya todos sabemos del pánico masivo que produjo. Pero no nos distraigamos más y recorramos las tres guerras con la confianza de haber salido ilesos de todas ellas pero también un poco desilusionados de las versiones fílmicas.

EL ORIGEN: “1898 LA FICCIÓN GOBIERNA EL MUNDO”

PREAMBULO: Ante todo literatura. No olvidemos que a finales del siglo XIX quien gobernaba la ficción en las mentes de entonces era la literatura. Más la narrativa y el teatro que el ensayo y la poesía. Ahora no. Hoy nos gobierna lo audiovisual, lo inmediato pero no por ello se ha perdido conexión con las letras. Hay quienes se animan a pensar que Julio Verne –uno de mis autores favoritos– no ha sido tan visionario como Wells sino más divulgador de los adelantos científicos y posibilidades de inteligencia. Lo cierto era que Julio Verne veía con no poco desprecio la producción de H. G. Wells. Y aunque parezcan emparentados por la ficción, no lo están mucho; es más, parecen polarizados y voy a agregar algo breve antes de abordar con ambas manos nuestra primera guerra. Sucede que realizar una travesía al centro de la tierra a través de un volcán o viajar en un globo aerostático alrededor del mundo e inclusive recorrer las profundidades del océano en un submarino futurista (Nautílius) como lo proponía Verne, no hacen sino acrecentar, con artimañas literarias, nuestra curiosidad científica y aventurera por los avances tecnológicos y el control de maquinarias sofisticadas. Es decir que por su proximidad con lo sensato y admirable algunos no le atribuyen a la obra de Verne el calificativo de fantástica. En cambio, los planteamientos de Wells: un hombre invisible, el retorno desde la muerte o un viaje en el tiempo son propuestas que no necesitan de ninguna teoría para habitar con morbosa preocupación en la mente del lector. Algunas tan particulares como imposibles pero que por medio del manejo narrativo asumimos como verdaderas. Ahora sí, puesto el mantel y servida la cena, cogamos los cubiertos. LA GUERRA DE LOS MUNDOS es una novela cuyo argumento se ha nutrido de las teorías evolucionistas de Charles Darwin. Asunto clarísimo desde el inicio, sino, relean el primer párrafo de este texto porque es el mismo que el del libro. Tragedia. Toda la historia de la evolución de las especies está plagada de tragedias y la del hombre no podía ser diferente. Esto lo sabe muy bien Wells y juega además con el lugar común heredado de la mitología griega: considerar a Marte, el planeta rojo, como el dios de la guerra. Sucede que la invasión marciana no tiene ningún fundamento expansionista ni sed de venganza o codicia como la de los romanos o los bárbaros; no, nada de eso. Los marcianos de Wells nos masacran por necesidad. Es obvio que los lleguemos a entender bajo este argumento, pero sucede que para saciar dicha necesidad tienen que exterminarnos, borrarnos de nuestro planeta y he allí otro conflicto: la comparación inversa. Me explico. Wells no repara en mostrarnos como unos bichos al lado de los marcianos, pero como no es fácil que el ser humano, soberbio, egocéntrico, abusivo y egoísta logre visualizarse tal, nos compara con las especies de insectos y animales a quienes el hombre no repara en pisotear: “Traté de comparar esas cosas a las máquinas humanas, y por primera vez en mi vida me pregunté qué idea se formaría un animal inferior de una locomotora o de un acorazado”. Otra: “Pero entonces la máquina del marciano se ocupaba tanto de las gentes que corrían de un lado para otro, como lo haría un hombre de la agitación de un hormiguero que hubiese destruido con el pie”. Ahí está. Ese es el concepto de terror que controla el libro. El mismo terror anclado en el corazón de toda la raza humana que inútilmente intenta defenderse y con todo, se mezcla muy bien, como en las mejores novelas de aventuras, la acción, la batalla en sí, el sufrimiento pero también el simbolismo como una lectura entre líneas. Básicamente Wells nos plantea un mundo de posibilidades a través de una imposibilidad: ser conquistados por seres no humanos. La posibilidad de convertirnos en mascotas luego de haber sido amos por tanto tiempo. Saber que nuestros más elevados inventos son juguetes a cuerda comparados con el poderío bélico marciano. Que podemos ser tan salvajes e incivilizados al someternos ante algunas privaciones. Ver que finalmente la historia de la humanidad, la cultura y las devastaciones no tienen ningún sentido y sea tal vez la única ocasión en que la especie humana se sienta realmente hermanada: en el terror que no conoce de nuestras distinciones. Visionario, Wells nos anunciaba con su novela el advenimiento de algo peor que el exterminio de nuestra especie por los extraterrestres: el aniquilamiento por nosotros mismos. Pd. En el siguiente post: LA SEGUNDA GUERRA: 1957 LA INVASIÓN SEGÚN HASKIN

9 Comments

  1. Magda, sorry, en Perú,”punche” es algo así como “coraje”.
    Jorge, estamos a punto de formar un club de sikiados, lo que pasa nadie coincide con nada.
    Tito: ahora tenemos Jazz en Tributo, 11pm, avísale a Jorge para que lleve su vale de consumo!!! dile que yo tengo su Zippo y la libreta de Alejandro.
    A todos, gracias.

  2. La distinción entre fantasía y ciencia ficción es a veces algo confusa y otras, acertada.
    Has escrito un post que deslinda eata frontera difusa.
    Entre novela y film, ¿cómo ves la relación?

    Un muy grato salute.

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