2005: LA GUERRA DIGITAL DE SPIELBERG

En el interior de la cabaña, ante la inminente presencia de los marcianos.

Este post cierra (felízmente) la saga que inició con el libro de Wells. La versión de Spielberg de The War of the Worlds ha recibido todo tipo de comentarios, buenos y malos y por cantidades. Entonces me limitaré a cuestiones de primer orden, al menos para mí, no sin referir que su realización costó, centavos más, centavos menos, al rededor de 200 millones de dólares y que viajando y filmando por cinco estados de Norteamérica, yendo de una costa a otra, con miles de extras y demás, transcurrieron algo de 72 días sin contar la postproducción. Algunos creen reconocer en el último film de Spielberg al mismo de Indiana Jones (Geoges Lucas fue el productor). A mi gusto Steven está bastante lejos del mozo lúdico y juguetón que hacía cine en los ochenta. Ahora el cine es más negocio que nunca y la sociedad no ha sido tan consumista como lo es ahora. Veamos.
No es casualidad que haya elegido los muelles y en ellos, el sector de las grúas para iniciar inofensivamente el film. No. Claro que no. Máquinas sirviendo al hombre, el hombre usando a su antojo las máquinas y luego, las máquinas del hombre no sirven para nada y las otras, las marcianas, parecen indestructibles y endiabladas. ¿Acaso existe mejor camita para todo lo que se venía? Cosa curiosa, Wells sitúa el drama y la acción en una sola ciudad: Londres, y en algunos poblados cerca de ella. En cambio Haskin la lleva a todo Estados Unidos y Spielberg, más ambicioso y nada sonso, a todo el mundo. ¿Se acuerdan de Día de la Independencia? Es obvio. El miedo es de todos los que lo puedan ver y pagar por él y si de refilón salimos en la estampita, bacán, nos sentimos identificados. No voy a hablar de las reminiscencias visuales del 11-SET pero sí del terror que aún habita en la esquizofrenia del pueblo gringo a causa del atentado. Spielberg también lo sabía y por ello invirtió más de 200 millones de dólares en producirla: sabía que la gente es morbosa y tenía que verse dibujada en su terror. No podía fallar. Un éxito de taquilla que a las tres semanas ya había recaudado poco más de 150 millones de verdes.
Ahora los blufs. Los mayores bodrios (obviamente no desde el gancho comercial) de la película fueron la marketera elección del guapo Tom Cruise; un chiquillo pintón al mejor estilo de Rebelde sin Causa, que pronto se vería convertido en un papi responsable sin mucho sustento. Quizás peor que esta tonta elección, fue la estupidez de su hijo mayor: un desubicado adolescente, en medio de la acción bélica, motivado por bombas y metrallas decide unirse al ejército de liberación y convertirse en un superamigo con overall y gorrita de beisbol, invitando a todos los mozos a ser parte de las filas del tío Sam. Ya, pues, no somos tan ingenuos.

Frente al tren que cruzaba envuelto en llamas
Tres escenas que brillan en la película: el río infestado de cadáveres que lo cruzan flotando y frente a los ojos de la pequeña engreída que fue a hacer pipí cerca de los matorrales. 2, el tren en llamas que cruza ante la mirada impávida de todos los que estaban detenidos por la tranquera, ahí, esperando a que termine de cruzar para retomar la huida cuando no había lugar a donde ir y más aún, cuando la muerte, inflamada dentro de los vagones, había desfilado frente a ellos; por último, en el interior de la cabaña, cuando Tom Cruise convertido en un desconocido padre, le canta a su hija, con voz melancólica y sincera, un pedazo de alguna canción. Pero tampoco es para llorar, claro que no. Además, algo no muy usual es que las mejores fotografías, salvado el primer tercio de la película, están en escenarios interiores, trabajados, pensados de pies a cabeza. Digo esto porque es un film básicamente de exteriores, sino, pregúntenles a los marcianos. Y justo en el vientre de uno de ellos ocurriría la desfachatez, el escándalo: el bombazo que le mete Tom Cruise, convertido en un remedo de Rambo Urbano, a la máquina extraterrestre en el interior de ésta, luego de que su insoportable niña fue capturada. Así somos todos de valientes y de inteligentes, qué bueno, ¿no? Hasta la petiza resultó ser una heroína, gritando como desaforada (acaso lo mejor que supo hacer) para distraer al marciano que iba a coger a su papito. ¡Ay! Steven, a veces eres tan predecible. Pero, ¿Impactante? Por supuesto que fue una película impactante, pero desde el punto de vista de la evolución (aunque ya no tanta) de los efectos especiales. Cómo no serlo con semejante presupuesto. No osbtante, a pesar de los efectos no convenció y creo que fue justamente por eso: el exceso de catarsis inducida y manipulación de los sentidos es molesto cuando se trata con poca inteligencia y, además, se descuidan factores dramáticos (nadie se acuerda de la banda sonora, ¿o sí?). Vale decir que si el hijo mayor de Ferrier (Tom Cruise) resultaba muerto al final, o desaparecido, eso hubiera igualado a nuestras estrellas con el común de los mortales, al menos en sus penas que nosotros sólo podríamos suponer. Y saben por qué, porque el film está diseñado para ser visto desde la mirada de aquella familia y entonces lo que ella veía y sentía, finalmente, sería lo que veríamos y sentiríamos todos en la culminación de esa barbarie: otro final feliz con una familia unida forever y un padre made in USA reivindicado y colorín colorado estas guerras han terminado.

8 Comments

  1. Anónimo

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  2. Una reseña :))) En especial los efectos especiales me gustan mucho, admiro las películas que los tienen perfectos, tanto que parece que fueran reales. El que no me gusta para nada es Tom Cruise, demasiado femenino.

    Muchos saludos

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  3. Ah, aún no veo el film.
    Acerca de Tom Cruisse, disiento, se bate y puede salir de los estereotipos, lo digo por la película sobre Vietnam, donde se le ve magistral en un papel, donde no es el ‘guapo’.
    Esa como comentario general.

    Salutes Óscar.

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