EL SILENCIO Y OTROS PLACERES

IN THE MOOD FOR LOVE (2000)
Más vale tarde que nunca. A finales de setiembre se rumoreaba que una empresa independiente iba a traer algunos filmes de Wong Kar-Wai y los cinéfilos confiaban en que In the Mood for Love (Hong Kong/Francia 2000) iniciaría la proyección. Así fue, luego de cinco años del estreno. Ahora esperamos por 2046, Eros y, ojalá, Fallen Angels. Traducida como Con ánimo de Amar, In the Mood… es una película que entra, holgadamente, en mi lista personal de engreídas. Actualmente en cartelera, esta hermosa producción se ha convertido en el mejor estreno de la semana y ojo, fija candidata a ser lo mejor que se ha proyectado en salas limeñas en lo que va del año, sin incluir a los queridos cineclubes. Su curriculum: Cannes al mejor actor, Premio Douglas Sirk en Hamburgo, Mejor Película en Montreal y en el Cine Europeo obtuvo el galardón de Mejor Película Internacional. Una lista de premios y aciertos. La historia es simple. Ambientada a inicio de los 60 en Hong Kong, cuando todavía era colonia, dos matrimonios sin hijos coinciden en un edificio en donde pronto se mudarían. Ahí se encuentran la espigada Li-Zhen y Chow. Ella es secretaria en una oficina de comercio y él es redactor de un diario, además, escritor de relatos. El día de la mudanza es el mismo para los dos; es decir, para ambas parejas. Desde el inicio se nos muestra, sutilmente, la intención del director: relacionar con estragos ambas parejas, pues los muebles de una son instalados, por error, en el departamento de la otra. Primeras miradas. Sonrisas y el mismo corredor que se convertiría en mudo cómplice, como nosotros. Li-Zhen y Chow descubren que sus cónyuges se han vuelto amantes y es cuando el dramatismo cobra fuerza: ellos, los cuernudos, no desean convertirse en infieles, a pesar de atraerse y luego, enamorarse. No es tan solo una película de infidelidades. Además, es una historia fraccionada que escarba, morbosa e inocentemente, en el masoquismo de querer y amar a alguien, insistir en ello pero no concretar dicho amor por un impedimento moral que es difícil de entender, aunque no deja de ser romántico. In the Mood for Love tiene el atractivo de ser un film que posee una exquisita fotografía que degusta un recorrido íntimo, delineando a los personajes con la timidez propia de éstos, aparte de convertirse en cómplice de los pensamientos que enfoca la cámara, todos ellos, pedazos de un mundo que nunca veremos en su totalidad. A todo ello hay que añadirle la deliciosa selección musical y propia orquestación (Michael Galasso). Un vals de cuerdas que será difícil de olvidar, el mismo que se repetiría a lo largo de la película, aletargando el movimiento con su cadencia, y que serviría para distraer el inevitable avance del reloj. Wong Kar-Wai diría al respecto: “Para mí, la música no es sólo una forma, sino también el sonido. Llegué a Hong Kong cuando tenía cinco años y las primeras cosas que me impresionaron fueron los ruidos de la ciudad, totalmente diferentes a los de Shanghai”. Melómano. La voz seductora de Nat King Cole envuelve las escenas personales con boleros en castellano. Esta contraposición de culturas, música, sentimientos, pensamientos y diálogos, que por poco rayan con el cine mudo, amalgama todo con atmósferas propias de la ensoñación, a manera de un caleidoscopio sensorial, pero sin alejarnos del sufrimiento (“… no puedo perder el tiempo pensando si me he equivocado, la vida es demasiado corta”). Por lo demás, bastan los ruidos de la ciudad para acompañar el desarrollo minimalista de las escenas: La escalera. Ella baja. Él sube. Miradas. Sobre ellos el bolero. La cámara lenta. La lluvia afuera. Nosotros, muy cerca de ellos, como amigables vecinos, escondidos, testigos en silencio. No resultaría errado pensar que esta “muy buena” (según los medios) película sea considerada como un film de soledades compartidas. De desencuentros. De posibilidades que habitan tras los labios. De una orquestación que forma movimientos y de movimientos que despiden música. Estas singulares cualidades me hacen pensar en Lost in Traslation, que dirigiera Sofía Coppola, en la que actuaron Bill Murray y Scarlett Johansson, de la que el sound track, también, es uno de mis preferidos. Algunos ya la han comparado con Casa Blanca, yo me abstengo. Por lo demás, un muy inteligente director que parece haber aprendido la receta de Flaubert, quien decía que para esconder el tesoro o el nudo en la superficie, se debe poseer un talento superior. Sucede así: el sufrimiento surge sin que uno se percate, sólo en el momento en que lo está padeciendo. Quizás en ese instante nos cante Nat King Cole aquellos ojos verdes, de mirada serena, dejaron en mi alma, eterna sed de amar.

9 Comments

  1. Pita, justamente “sed de amar” se me antoja mejor título para esta obra maestra de WonKarWai. Si quieres acercarte un poco a su filmografía anterior, “Happy Together” y “ChunKing Express” son imperdibles, los puedes ubicar pidiendómelas con buenas maneras.

    Saludos

  2. ¿En blanco y negro con texturas en sepia? No lo veo así. El color es un elemento crucial en la película, tal como se puede apreciar en los vestidos -incluso la foto que has puesto en el blog lo muestra- y la maestría en el uso de diversos colores, entre los que destaca el rojo.
    Otro punto imprescindible a tener en cuenta es la manera de narrar, con inquietantes elipsis que sólo permiten ver lo que el director considera necesario para construir la historia. En este aspecto, la película es notable.

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