AL ENCUENTRO DE BOCCACCIO ’70 (Italia, 1962)

Sabemos que el arte responde a una época. A un contexto. A una realidad. Sea ésta personal o colectiva. En todo caso, el creador siempre será una persona en conflicto con aquello que le ha tocado vivir. El arte, por su condición rebelde y romántica, no está interesado en brindar respuestas, sino, en cuestionar. Y esto no siempre resulta como producto de muchas excogitaciones, más bien, como algo instintivo. No olvidemos que detrás de toda obra hay un hombre, un creador, y detrás de él, un mundo al que nos es negado acceder sino con mucha imaginación. Por eso resultaría un tanto frívolo hablar de una obra artística sin antes conocer algo de su contexto, de aquella realidad que preocupaba a los creadores de entonces y de la que sólo nos ha quedado la evidencia de la obra culminada; más aún, cuando ahora es considerada como una de las grandes piezas que produjo el moderno cine italiano de mitad del siglo pasado (ahora vuelto un clásico). Por tanto, no se podrá tratar por aislado a Boccaccio ’70 sin mencionar el Neorrealismo Italiano y antes, al escritor Giovanni Boccaccio (Italia, 1313 – 1375), puesto que de su famoso libro, El Decamerón, se extrajo el espíritu pícaro y callejero (a diferecia de Pasolini que sí adpató nueve relatos para su film del mismo nombre) que recorre las cuatro historias de los cuatro directores (De Sica, Fellini, Monicelli y Visconti) que realizaron el film colectivo llamado Boccaccio ’70 en 1962, y que cuenta, entre otras, con la pluma de Italo Calvino en el guión y con tres horas y media de película reunida en los cuatro mediometrajes.

En referencia a Giovanni Boccaccio, acotaremos que fue hijo de noble cuna, cuyo padre, un banquero y mercader florentino, siempre se encargó de que recibiera la mejor educación. Así, Boccaccio quedó bajo la tutela de Mazzuole Da Strada, un reconocido hombre de letras, que le inculcó la pasión por Dante Aliguieri que albergaría durante toda su vida. Luego, debido a que el joven Boccaccio demostrara escasas aptitudes para las finanzas, su padre lo envía a Nápoles, en donde recibiría una sólida formación literaria a cargo de eruditos de la corte napolitana, la misma que cobijaba los matices de las culturas italiana, bizantina y árabe. Esto dilucida el alto valor estético de la obra de Boccaccio, aunque siempre presto a plasmarle su visión coloquial.
La confluencia de dichas culturas significaba, también, las interrelaciones entre ellas: sus intrigas, ambiciones cortesanas, sensualidad urbana, seducción y bajas pasiones callejeras, las mismas que Boccaccio plasmaría en El Decamerón, considerado el primer gran libro de cuentos de la historia de la literatura universal, y que gira en torno a su heroína, Fiammetta. Cinco años tardó Boccaccio en escribir su obra maestra, la misma que fue inspirada en la peste que fulminó Florencia en 1348, año en que emprendió el proceso de su escritura. ¿Por qué eligieron, dichos directores, algunas historias de El Decamerón? Básicamente, descontando el merecido reconocimiento mundial que posee Giovanni Boccaccio, se debió a que las historias narradas en el libro mostraban siempre al ser humano tal y como es en la realidad. Otra vez este sustantivo: “realidad”. Sucede que el lev motiv del Neorrealismo está indicado en su nombre: la nueva realidad. Es decir, la vida luego de la Segunda Guerra Mundial (que podría tomarse como una plaga, una devastación, que fue lo mismo que llevo a Boccaccio a escribir los 100 cuentos que contiene el libro). En él, los personajes se contaban sus historias tendidos en la hierba (locaciones exteriores), despreocupados de cualquier molde impostor, y se enfrascaban en parlamentos tan cotidianos y quizás por ello, entretenidos. Es decir, eran personajes llenos de defectos y pecados, de deseos y frustraciones, de sueños y dudas y como se habrán percatado, bastante semejantes a los tipos de personajes de los que se vale el Neorrealismo. Lo que está claro a través de la historia, es que El Decamerón rompió con la conservadora tradición literaria de relatos místicos, muy en uso en la época. Vale decir, que junto con La Divina Comedia, de su amado Dante Aliguieri o acaso, los textos de Petrarca, anunciaba la existencia de una corriente artística que fuera llamada más tarde “Renacimiento”. Entonces, no es extraño que éstos cuatro directores del Neorrealismo (¿un tipo de Renacimiento?), Federico Fellini, Luchino Visconti, Vittorio De Sica y Mario Monicelli se sintieran atraídos por Boccaccio, el maestro de la prosa vulgar italiana, al punto de homenajearlo con un film: Boccaccio ’70, un título que pretendía mostrar la vigencia del escritor del trecento en ese presente (comienzo de los sesenta) y proyectarlo al tímido futuro de la próxima década, los setenta; década paradógica, además, en la que dos de ellos murieron.

Así, llegamos a la primera mitad del siglo XX, precisamente a la Italia, y en ella, a la corriente artística que más ha repercutido en dicha península y, que también, fue la que mayor resonancia consiguió mundialmente: el Neorrealismo Italiano. No cabe duda de que las producciones cinematográficas fueron las que encumbraron esta corriente artística, de la que se pensó que sería la literatura el máximo estandarte. Como hemos referido arriba, este movimiento se consolidó al culminar la Segunda Guerra Mundial, aunque sus raíces datan de la lucha partisana en Italia, entre el 43 y el 45. Luego de la caída de Mussolini hubo un gran desconcierto en lo referente a las libertades que éste había suprimido, las mismas que ya se podían volver a ejercer. La sociedad, golpeada por todo lo que significó el período bélico, había cambiado. Se respiraba tanta alegría como desconfianza por la culminación de la guerra. El mundo ya nunca sería el mismo para nadie, más todavía para ellos. Entonces, había una exigencia primigenia por una renovación en lo referente a la ética y a la estética, que sea capaz de manifestar, de una manera simple pero profunda, con bastante carácter además de sentimiento, la transformación que había hecho en el hombre, primero la guerra y después, la caída del dictador. Esta corriente artística posee la gran valía, entre muchas otras, de sembrar el precedente de buscar una renovación colectiva a través de la cultura. Actualmente, con los incidentes nefastos que bañan la utópica vida pacífica del ser, la propuesta de la cultura como un medio de protesta, entendimiento y cambio, no llega a ser semejante a la pasada, puesto que el desarrollo de los mecanismos de la cultura, están bastante influídos por factores comerciales y con esto, apoyados irresponsablemente sobre el lado del entretenimiento más que en el artístico.

El cine “neorrealista” basa su preocupación en el individuo. Un ser puesto en marcha en una sociedad y en una geografía que le han sido legadas o devueltas; las mismas de las que guarda el recuerdo de verlas no en escombros, pero que no se atreve, por más que reniegue de ello, a cambiar por nada del mundo. Son filmes cargados de una fuerte dosis de humanismo, realizados con escasos presupuestos y precarias condiciones, por lo menos al comienzo. No les importaba rescatar a la clase burguesa sino a la gente de la calle. He ahí, su pasión más que terquedad, por emplear a personas comunes y corrientes que no eran, necesariamente, actores profesionales para los roles establecidos. El Neorrealismo buscaba llegar al espectador a través de escenarios que fueran tomados como propios; por ello, gustaban de rodar en exteriores, en parajes naturales o citadinos. La consigna era enfrentar al público con su propia realidad, que el espectador tomara consciencia al reflejarse en una ficción que estaba fundada en la vida de todos. Una ficción que ha nacido como producto de una cercana realidad, como una prolongación de ésta y que pretendía competir con ella. Por eso lo proyectado en el ecran era mostrado “tal y como sucedía” en la realidad. Con ello transformaron las estructuras narrativas propias del cine hecho con fines de “divertimento”. Utilizaban esquemas más flexibles, plurales, con episodios tomados de escenas familiares, las más de las veces extraídos de anécdotas familiares de los directores o quizás, tomadas de algunas noticias de la prensa; eso sí, sin descuidar la función artística que dicho acercamiento a lo social, lo histórico y lo poético requería.

Italia, en mayor grado Roma, contaba con un escenario desolador, natural, producto de los bombardeos. Debido a esto, las instalaciones de grabación de Cinecittà fueron empleadas como centro de refugiados, siendo imposible rodar en ella, empujando al cine a trabajar en exteriores. Esta tendencia por filmar fuera de los estudios pronto fue acogida por los norteamericanos, de los que el llamado “cine negro” o policiaco, fue el que mejor la aprovechó. En comparación netamente plástica mas no social, hubieron en Estados Unidos manifestaciones anteriores al Neorrealismo, en los que hallamos películas con cierto “realismo” al final de los años veinte. Tal es el caso de La Multitud (1928) de King Vidor y Avaricia (1929) de Stroheim. A mi gusto, prefiero el llamado “realismo poético francés”, del que Jean Renoir (Toni, 1934) es el más recordado. La influencia de éste se percibe más en los primeros filmes de Luchino Visconti (Ossessione, 1942 y La Terra Trema, 1948) que en los de Michelangelo Antonioni (a quien siempre se le criticó por no ceñirse a retratar al pueblo y sí a los burgueses, como si estos últimos no formaran parte de la llamada sociedad), puesto que ambos trabajaron como asistentes y guionistas de Renoir. Sin embargo, el Neorrealismo Italiano provocó atención y expectación mundial por primera vez con Roma, città aperta (“Roma, ciudad abierta”, 1945) de Roberto Rossellini (que luego se casaría con la actriz Ingrid Bergman, y de cuyo fruto brotó la hermosa Isabella Rosellini, recordada por su enfermizo rol en el film de David Lynch, “Terciopelo Azul”). Roma, città aperta es un testimonio de la humanidad en que la justicia y los derechos humanos están sólidamente mostrados como argumentos para lograr la paz entre los hombres. Luego vendrían, entre los más destacados, La Terra Trema (“La Tierra Tiembla”, 1948) dirigida por Luchino Visconti y protagonizada por un grupo de actores no profesionales, así también, la más conocida de Vittorio de Sica, Ladri di Biciclette (“El Ladrón de Bicicletas”, 1948), que refleja la vida de los desempleados en el periodo de la posguerra, además, otra de Rossellinni, Germania, anno zero (“Alemania, Año Cero”, 1947) en la que no repara en mostrar el arraigado sentimiento antinazi. De esta manera, luego de lo mostrado hasta aquí, podemos abordar el largo filme Boccaccio ’70, no sin dejar de lado que la postura crítica que éste adopta se percibe por medio de la sátira, pues fue pensado como un ataque contra la censura que padecieron, principalmente, Visconti y Fellini, aunque esto lo veremos en el próximo post.

6 Comments

  1. Nos dejaste en los preliminares de Boccacio 70, no vale!

    Hay un hermoso homenaje a “Roma, Citta Aperta” que se llama “Celuloide” si puedes cheqealo por ahí, cuando consiga una copia te paso la voz.

    Por lo pronto, del Bocaccio, me quedo con la de Fellini y la de Monicelli.

    Saludos

  2. Preciso voltar com mais tempo, para então ler calmamente e comentar. Estou coom dores (nada grave), mas com dores musculares. Estou aqui para agradecer, especialmente, o link que fêz para o meu Blog. Sinto-me honrada!

    Um abraço aqui do Brasil.

  3. Grandes directores nos nombras. Me trae a la memoria el llamado, más actualmente, el cine dogma, esa manera de filmar en la calle, con luz natural, sin mascaras ni maquillajes, siguiendo al personaje como de un actor de teatro se tratara. Películas y directores de los que todos o casi todos los amantes del cine tenemos en un pedestal. Buen trabajo. Y gracias por informarnos sobre Bocaccio. Un abrazo desde el gusanillo.

  4. Anto, vamos a ver si conseguimos la llamada Celuloide esta semana que me toca salir de compras por los mercados alternos.

    Emidark, qué gusto saber que posteando algunas cosillas por acá, de alguna manera, pueda ayudar a alguien. Gracias.

    Plumífero, sorry. Como te dije, recién me han pagado el sábado por la mañana. Lo dejamos para esta semana.

    A Santa, en el Brasil, pronta mejoría y que se tome unas campiriñas (creo que lo he escrito mal) y

    Zuriñe, lo del cine dogma es un tema que me interesa pero del que no he leído mucho. Una buena idea me has dado al respecto.

    Saludos a todos y gracías.

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