TRES VECES VIOLENTO

Una vez más, la literatura sirve de inspiración o modelo al cine. Robert Musil (Austria, 1880 – 1942), escribió en 1906 su primera novela, “Las Tribulaciones del Joven Törless”, que es una descripción de la vida de unos adolescentes en un colegio militar similar a la que él había llevado. El joven Törless realmente no tenía nada de que lamentarse en lo económico. Sus tribulaciones eran de orden metafísico, existencial. Es decir, temas propios de la pubertad. En el internado militar, pronto ve que su mundo se resquebraja con la venida de nuevas normas y leyes castrences, bastantes distintas de las que se permitían en su hogar. Los vejámenes, tras los muros del internado, no eran cometidos contra él; sino, contra sus camaradas y por los alumnos de años superiores. Torless es un estudiante que vive en un internado durante los días de gloria del Imperio de los Hapsburgo. Aquí, varios estudiantes mantienen un comportamiento un tanto sádico, que es observado con fascinación por Torless. El silencio recorría confiado los pasadizos de la escuela militar, pues nadie se atrevía a denunciar a los victimarios nocturnos. Esta historia sería llevada al cine (y curiosamente también sería el primer largometraje de su realizador) en mayo de 1966. Se estrenó bajo el título de “Törless” en el Festival Internacional de Cannes y cuyo trabajo estético sería admirado y marcaría el trazo peculiar de un mínimo preciosismo, distintivo de su director Volker Schlöndorff, que diría “Si de una película a la siguiente varían mucho los elementos estilísticos, no se podrá reconocer una línea común”. (Filmaría después en los setenta “El honor perdido de Katharina Blum” de Heinrich Böll, realizado en 1975 en colaboración con Margarethe von Trotta, su esposa; y “El tambor de hojalata” de Günter Grass, estrenada en mayo de 1979, considerada hasta el día de hoy la obra maestra de Schlöndorff).

En 1962 apareció “La Ciudad y Los Perros” de Mario Vargas Llosa. Fue su primera novela y la que lo lanzó a la fama, formando parte del siempre recordado “Boom” (Nadie puede explicar porque llamaron con ese anglicismo a un movimiento de literatura latinoamericana). Una vez más la violencia tomaba por asalto un ambiente juvenil en un internado también militar. El universo del Colegio Militar Leoncio Prado (del que soy ex alumno), es retratado con severidad e inteligencia por Vargas Llosa, que retrata a la sociedad peruana: dividida y multirracial y reprimida y violenta, pero en los interiores de aquella escuela. Las inquietudes de orden social y político son apreciadas en la interacción socio-cultural de sus personajes, adeptos a los maltratos físicos y sicológicos. Las jerarquías son claramente establecidas dentro del Internado y con eso quedan también planteados el abuso y el sometimiento a los cadetes de años inferiores. El poder, venido de unos pocos (en este caso desde “El Círculo” y su jefe, el “Jaguar”), como forma de castigo y control de intereses personales, es apreciado en los jóvenes que no esperaban padecer dichos maltratos y torturas;a su vez, ellos mismos se van descubriendo en su desarrollo humano, siempre con un mar de dudas. No obstante, fieles también al silencio como símbolo de hombría, retornaban al colegio cada domingo a la noche, a pasar la semana, a seguir padeciendo hasta que algo o alguien ceda. Hasta que la violencia aplicada a otros, vuelva violentos a las víctimas y entonces todo no sea más que una barbarie ejecutada por adolescentes. En 1985 se estrena en la cartelera limeña “La Ciudad y Los Perros”, El escritor peruano tuvo el buen juicio de confiar la adaptación cinematográfica de La ciudad y los perros, a su compatriota y amigo, Francisco José Lombardi, quien por su preferencia de temas y ambientes claustrofóbicos resultó ser el director idóneo para trabajar la novela (…) Al respecto, Lombardi comento: “La violencia de un régimen militar, podría haber sido una razón suficiente para haber escogido ese libro, pero hay otras razones quizá más inmediatas y personales. Esta vez, el tema de la novela de Vargas Llosa me permitió alinear dos elementos: narración y personajes. Por último, la amalgama compuesta de indios, blancos, mestizos y negros que luchan y sobreviven en medio de esta parodia de una estructura militar me dio la idea de un macrocosmos”.

Actualmente y en una feliz coincidencia: “Solo Contra Sí Mismo” (“Evil/Ondskan”, Suecia, 2003) está en la cartelera del Centro Cultural de la Universidad Católica y en la programación de Cinemax, en la señal por cable del mes de marzo y comentada en Cinencuentro. Esta laureada película del director sueco Mikael Håfström, el mismo de “Descarrilados” (USA, 2005, la primera incursión del sueco Håfström en tierra hollywoodense remite más al David Mamet de “Juego de emociones” y “La trampa”. Un hombre de familia ejemplar pero abúlico (Clive Owen) conoce en un tren a una mujer casada (Jennifer Aniston) que echa a andar el motor de la seducción). “Solo… “ es otra adaptación literaria. Esta vez de una novela bastante popular en Suecia (y obviamente no tanto en Latinoamérica). En este caso el conflicto se plantea no con la polifonía de La Ciudad y Los Perros, ni con la visión pasiva del protagonista en Las Tribulaciones del Joven Törless; sino con el padecimiento de la violencia por un joven también violento, Erik Ponti (interpretado estupendamente por Andreas Wilson, también actor de “Vendetta”, otro buen film de Håfström). Erik vivía con su madre y su padrastro que lo castigaba azotándolo. El muchacho, de dieciséis años, se vuelve agresivo y en su antigua escuela golpea a un compañero y por eso fue expulsado. Luego, sacrificando su economía, su madre lo matricula en una escuela internada aristocrática en la Suecia de los cincuenta, en la que aún se mantenía la filosofía nazi. En ese ambiente, al que supuestamente Erik había ido a olvidarse de su pasado violento, a estudiar en paz, es hostigado y violentado y por ende, la agresividad inherente a él, despierta y se multiplica. Erik se ve acorralado y vuelto un animal, y como tal, es que considera que debe de actuar. Una vez más, como en los libros de Musil y Llosa, se aísla de su hogar al individuo, para alojarlo en un mundo distinto que deberá de asumir como suyo. Se le somete a otro orden bajo románticos preceptos, acaso anacrónicos; se le hace degustar de situaciones que quizá en su vida hubiera visto nunca, y demasiado pronto, cuando se es joven todavía. Esta violencia comenzó con actos sencillos de los propios padres, como lo fue primero extraer a los jóvenes de sus hogares respectivos. Uno no decide lo que ver y lo que oír. Pero si puede elegir lo que no sufrir, al menos idealizadamente; pero eso cuenta poco cuando la violencia toma varias formas, y una de ellas es el silencio que se guarda al padecerla, o al practicarla, o al verla.

3 Comments

  1. Me encanta las películas que proceden de la literatura. Tal vez sea para ver nuestros imaginados personajes. Ahora van a rodar “Corazón tan blanco” de Javier Marías y a Arturo Pérez Reverte entre otro. También está en los cines “Aires difíciles”, la última novela de Almudena Grandes. Te llevo al Rincón, jejej por malo. Besos amigo

  2. personalmente, la desventaja de una adaptación de literatura en el cine es que desaparecerían nuestros personajes que imaginariamente creamos. Pero admito que si hubieron magistrales adaptaciones como las que escribiste.

    saludos.

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