PERDIDO EN RUSIA

No, no es la continuación de “Perdido en Tokio” (“Lost in Traslation”) de Sofía Coppola, ni tampoco actúa aquí la hermosísima Scarlett Johansson (actualmente vista en “Match Point” de Woody Allen). Es más, no se trata siquiera de un proyecto audiovisual ni literario. Se trata de la mera realidad, que bien podría ser copiada, narrada, desarrollada, etc., siguiendo algunos de los más comunes consejos en los talleres de narrativa, cuando los talleristas preguntan al profesor sobre qué escribir. Bueno, Ishinosuke Urawano vive en Ucrania y no se comunicó con su familia desde 1958. Este es el gorro de la noticia aparecida en El Comercio hace unos días. Se trata de un ex-soldado del Ejército Imperial, que se creía muerto en combate desde hace aproximadamente sesenta años. Desaparecido en una isla rusa en 1945, Urawano tiene actualmente 83 años de edad y una familia constituida en Ucrania. Al ex-combatiente japonés se le permitirá visitar Japón para luego partir a su ciudad natal, Iwate, a 450 kilómetros de Tokio. Sacando la cuenta, no creo que encuentre persona alguna que pueda reconocerlo o acordarse de él, sencillamente por que es bastante probable de que ya todos ellos estén muertos. Quizá su paseo no sea sino un ambular por el cementerio pueblerino, visitando tumbas y dejando flores a quienes cuando vivos todavía, lo habían dado por muerto. Una madre. Un padre. Los hermanos. Me cuesta pensar que en su memoria, los parajes de Iwate se ubican con soltura entre los frescos y distintos episodios vividos por él en los últimos sesenta años, vuelto Urawano un anciano que dejó su hogar cuando era un mozo a penas. De cualquier forma, Urawano permanecerá allí durante diez días y luego retornará al poblado de Zhitomir, Ucrania, a reunirse con su esposa e hijos. Para el Estado nipón es tarea fácil aunque no frecuente, volverlo a la vida y brindarle un carné de identidad. Un par de llamadas telefónicas, dos o tres sellos sobre dos o tres cartas redactadas con frivolidad burocrática y en sendas hojas membretadas con el sol naciente en sello de agua. Pero la verdadera identidad de Ishinokue Urawano: sus sueños, sus silencios, placeres y frustraciones, jamás le será repuesta en Japón. Ya Urawano, aunque responda al nombre y apellidos legados por sus padres, es alguien distinto del que figura en los padrones japoneses. Ya gran porción de su recuerdo murió con la gente muerta que lo creyó muerto entonces. ¿Por qué prefirió Urawano quedarse en la isla rusa de Sajalín, donde fuera destacado cuando joven, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial? Tal vez lo olvidaron y entonces él no fue sino una víctima de su destino. ¿Qué fue lo que lo llevó a mantener en secreto su existencia hasta esta fecha? Mientras en su poblado natal de Iwate, quienes lo amaban quizás encendían velas e inciensos y elevaban plegarias al cielo, Ishinosuke Urawano esbozaba su nueva vida lejos de todos ellos, que lloraban alguna fotografía de él, en la que jamás aparecía con más de veintidós años.

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