A UN ASPIRANTE A ESCRITOR

La abrumadora correspondencia que llenaba la mesa del Lobo Estepario, Hermann Hesse (Alemania 1877, Suiza 1962), Premio Nobel de Literatura en 1946, había empezado a llegar ya años atrás. En 1930, a modo de ejemplo, respondió de esta manera la misiva de un joven de Coligen que deseaba iniciar una carrera literaria:

“… No estoy en condiciones de asegurarle si será usted escritor. No hay escritores de diecisiete años, hoy menos que nunca. Si posee el don, lo tendrá por naturaleza y habrá estado en usted desde niño. Pero si de ese don surgirá algo, si tendrá usted qué decir o significar, eso no depende sólo de su don, eso depende de si usted puede tomarse en serio así mismo y a la vida, si vive con sinceridad y es capaz de resistir la tentación de hacer meramente lo que le resulta fácil al talento.
En resumen, depende de cuánta proeza, sacrificio y abnegación sea capaz. Es difícil que el mundo le agradezca y le retribuya por todo esto. Si no está poseído por la idea, si no prefiere sucumbir enseguida antes que renunciar a la literatura, póngale fin.
Su escepticismo no tiene nada que ver con las cuestiones que en estos momentos lo absorben. Es natural a su edad. Si dentro de algunos años no ha podido superarlo, puede convertirse en periodista, pues habrá pasado la oportunidad de ser escritor. Ser inteligente y hablar con sensatez nada tiene que ver con la literatura.
Mis mejores deseos y un favor: no vuelva a escribirme hasta dentro de unos años.

(Cartas Escogidas, Editorial Sudamericana 1999) * En la foto, Hermann Hesse en 1927.

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