SE FUE EL GORDO

En los años 80 en Perú el humor erótico que consumíamos los muchachos (y los viejos también) de entonces, era el producido en la Argentina, con esas hermosas ‘vedettes’ (de atuendos risibles en la actualidad y mostrando más picardía que siliconas) que luego hicieron de Lima su ciudad de arribo y punto de despegue de sus efímeras carreras como insulsas animadoras de televisión. Esas espigadas y voluptuosas chicas, cuyo recuerdo sobrevive todavía gracias a añejos programas cómicos como ‘Risas y Salsas’, no hubieran sido nada si no fuera por un par de mañosos que se las ingeniaban siempre para desnudarlas y ganarse alguito. Ese par de mañosos, Porcel y Olmedo, parodiando muchas veces al clásico dúo “El gordo y el flaco”, pero en versión latina y no tan idiotas, eran los héroes de una generación de colegiales que apenas si empezaba a despertar a su sexualidad. En el colegio, en el recreo y aun en alguna clase de lo más prescindible, eran discutidos y remembrados los frescos episodios de la película vista recién, con los pechos carnosos y suculentos de Moria Casán, una espigada morocha que en bragas le arrebataba el aire a los televidentes de todas la edades (se me viene a la mente la cara de papá, boquiabierto y babeando, desentendido del café sobre sus piernas); también el delineado cuerpo de esa bomba rubia que era Susana Jiménez, siempre más recatada que la Casán, pero igualmente despampanante entonces (y para el gusto estético de esa época). Recuerdo que me quedé pensando durante mucho tiempo en el significado de la palabra “bulín”, que en mi casa nadie se animaba a explicarme, aunque yo creía intuir, pero distorsionadamente. Todo empieza a crecer torcido o exagerado o falseado en las mentes de los jóvenes en cuanto a materia de sexo se refiere. Nuestras enamoradas nunca tendrían los pechos ni la talla de Moria Casán. Tampoco la sensualidad de Susana Jiménez. Nosotros nunca iríamos a ningún bulín con nadie hasta dentro de mucho tiempo después, cuando cumpliésemos la mayoría de edad y consiguiésemos (cosa difícil entonces) pareja para ello y además, plata y valor. No importaba demasiado el tiempo que esperábamos para nuestro cometido, porque el gordo Porcel y el flaco Olmedo estaban ahí, para vindicarnos y hacer nuestro su tacto y olfato, sus peripecias e infidelidades, sus idas al sauna que también me costaba entender cómo funcionaba; más porque papá y unos tíos míos eran clientes frecuentes de uno que quedaba en San Isidro. En fin, algunos años atrás murió el flaco Olmedo, y la semana pasada Porcel no soportó una intervención a la vesícula, en una clínica de Miami. El gordo venía mal hacía tiempo y a sus 69 años, su salud estaba bastante deteriorada. De otra parte, Moria Casán está con sobrepeso y es abuela, aunque no pierde su encanto femenino y felino. Susana Jiménez no hace más películas con poca ropa, pues su cintura se confunde con sus caderas y en cambio, se ha convertido en una de las reinas del mediodía argentino, en un programa para amas de casa. Nosotros crecimos y de los bulines no se habló más. ‘Los caballeros de la cama redonda’ han muerto y nos dejaron el recuerdo de una pubertad afiebrada de ‘topless’ y fáusticos sueños. Los años noventa vinieron con el presagio de ser los vengadores de todo lo prohibido y la pornografía se hizo pan de cada día en Internet. La mayoría de adolescentes bostezarían hoy en día con una película de Porcel y Olmedo, porque valgan verdades, lo que más nos interesaba entonces eran las insinuaciones que eran culminadas en nuestra imaginación, y nunca en la pantalla, a pesar de que siempre hubiéramos querido ver un poco más. Un poquito más. Adiós gordo lindo, adiós.

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