LAS PERLAS DE SCARLETT JOHANSSON

La Joven de la Perla
Peter Webber, Reino Unido, 2003
Debo festejar la inclusión de esta buena película a la cartelera limeña, antes que nada, por mostrar tan pulcramente la profusa belleza de mi querida Scarlett, en esos primeros planos que parecían enamorados de ella, bañados de luz y sombra propias de la pintura holandesa del siglo XVII. Y después de lo vano, lo corruptible, lo personal y platónico, festejarla por mostrar una de las mejores actuaciones de esta joven y hermosa actriz que nos compró primero con su protagonismo silente en “Lost in Traslation” y que después visionamos bien metida en su personaje parlanchín en “Match Point” (dato: volverá a ser protagonista en la próxima película de Woody, “Scoop“, también en Londres). Los que la vieron encarnando a esa confundida y enamorada muchacha en la reciente película de Woody Allen, tienen en “La Joven de la Perla” (“Girl With a Pearl Earring”) la posibilidad de apreciar su versatilidad y ver que no es la calabacita que algunos piensan, luego de ese fiasco llamado “La Isla”, a lado de otro de mis engreídos, Ian McGregor.

Valgan verdades, “Girl With a Pearl Earring” fue trasmitida en Perú por la señal de Cable y en cineclubes en 2004 y 2005, y jamás se anunció pomposamente su inclusión en salas comerciales, como sí lo hicieron el año pasado con “2046” y “Happy Together” de Wong Kar-Wai, pendientes aún, luego del éxito del hongkonés con su poema visual “In The Mood For Love”. Pero regresemos al siglo XVII, con Scarlett. Peter Webber, su debutante director (antes documentalista), nos plantea una historia basada en el libro de Tracy Chevalier, en que se imagina una trama detrás de un cuadro del genio holandés Johannes Vermeer, cuyo título es tomado para este film. Los especialistas dicen que la referida pintura de Vermeer (de la misma escuela de Rembrandt) es la más famosa que pintó, y como sucede con todo lo que se sabe famoso, trae voces y especulaciones de un orden distinto al artístico. De otra parte, y como una alegre coincidencia, hace unos días el cineasta británico Peter Greenaway (director de “The Pillow Book” o “Escrito en el Cuerpo”, reseñada hace unos meses en este blog), también ha trazado un puente entre el Cine y la Pintura con una instalación en el Rijsksmuseum de Amsterdam, en que exhibe su propuesta interpretativa de uno de los cuadros del genio holandés del Siglo de Oro, Rembrandt van Rijn, “La Ronda Nocturna”, cuyos personajes cobran vida gracias a efectos de luz que les hacen “salir” literalmente de la pintura.

La Joven de la Perla”, ambientada en la holanda del siglo XVII, narra las peripecias de una muchacha que, a la muerte de su padre en un accidente, se ve en la necesidad de trabajar como sirvienta en casa del pintor Vermeer. Una vez dentro de ésta, la hermosa Griet (encarnada en Johansson) es sometida a los mandatos dictatoriales del matriarcado formado por la madre y la esposa del ya considerado genio de la pintura. Griet los padece en silencio y en sumisión debido a sus penurias. No obstante, sentirse tan próxima pero distante a un pintor famoso y aristocrático, despierta en ella una inusitada curiosidad por el artista cobijado en su atelier que lo vela de ella y del espectador durante un buen tramo del film, consiguiendo así el tono de misterio y expectación que se contrapone al tratamiento mesurado e interiorista de la narración, tanto visual como argumental. Muchas veces el diálogo es innecesario y remplazado por sendas miradas de todo tipo, que explicitan mejor lo aún no visto. Esta economía del lenguaje oral es aplicada al visual y en ese minimalismo, sin morbo ni endulcoramiento por el esplendor y el colorido de aquella época, recae la potencia lírica de la historia. El conflicto de intereses y los desencuentros de clase, forman escollos intocables entre el pintor y la nueva sirvienta convertida en musa, a pesar del deterioro de la relación marital del artista, a causa de los celos de su caprichosa esposa. Por ello, se entiende que “La Joven de la Perla” es uno de los buenos filmes que trata el eterno conflicto humano entre la moral y el placer (tratado exquisitamente en “In The Mood for Love”), sin que esta aparente disputa en el mundo de las negaciones, latente siempre en mayor o menor grado en nosotros, se robe el protagonismo que antes ya había conseguido no tanto la hermosa y miserable Griet, como la condición de uso, de objeto de odio y de rencor y también de culto estético y de pictórico placer a que fue sometida. Finalmente, para quienes gustan de los juegos de palabras, podría resumir que así como “8 ½” de Fellini es una película de una película que jamás se realizó, por el contrario, “Girl With a Pearl Earring” es una película que narra la vida oculta en un cuadro que se volvió famoso.

4 Comments

  1. Que tal Óscar…

    Cada vez que leo tu blog, certifico que me falta aún mucho por ver. Como ea película,por ejemplo.

    Leí tu penúltimo post, y debo confesar que me produjo una envidia sana, al imaginarte en esa tertulia con escritores de esa talla.

    Pd: Me impresionó que Ampuero haya sido amigo de Hildebrandt. ja!

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