SALAMINA SIN SOLDADOS

Se perdona el pecado, pero no el escándalo.
SOLDADOS DE SALAMINA es para España el tipo de novela “total” que tanto se reclama en Perú a los escritores nacionales. En España, la Guerra Civil que llevó a Franco al poder a finales de los años 30; en Perú, la guerra contra Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru librada en el campo y la ciudad durante más de dos décadas, hasta la caída de Abimael Guzmán a principio de los 90. De hecho, aquella afamada novela (y con justicia) de Javier Cercas produjo todo un efecto en la corriente literaria española, ya que luego de ella proliferaron novelas (hasta hoy sin la pegada de “SOLDADOS…”) que trataban sobre aquella guerra civil que tiñó de sangre la Península Ibérica. Javier Cercas abarca la historia con bastante inteligencia y humor, combinando tonos periodísticos y literarios. Su historia misma se entremezcla con la historia del escritor falangista Rafael Sánchez Mazas, quien escapa de un pelotón de fusilamiento una tarde cuando junto a varias decenas de prisioneros, iba a ser liquidado por los Camisas Rojas en el campo. Algo usual en aquellos beligerantes días. Como es sabido, Sánchez Mazas logra huir y refugiarse en el bosque, huyendo de sus predadores. Pero no fue el único. Por eso es que una cuadrilla de soldados es enviada a peinar la zona, en busca de ellos. Se escuchan ladridos de perros de presa. Disparos aislados. Voces militares pregonando las muertes recientes. El corazón de la trama se aferra de un inusual episodio ocurrido en aquella búsqueda: un soldado sorprende a Rafael Sánchez Mazas mal camuflado entre matorrales, lo mira a los ojos, le apunta con su fusil, Sánchez Mazas también lo mira a los ojos, resignado, contempla la boca del fusil que lo encañona, perseguidor y perseguido se miran en silencio por un momento, una voz sin rostro en el campo le pregunta a aquel soldado si es que por ahí hay alguien, el soldado, viendo a los ojos a Sánchez Mazas por última vez, responde: “por aquí no hay nadie”, y sin ninguna explicación ni gesticulación, se marcha y desaparece en el bosque para siempre. ¿Qué pensaba ese soldado mientras le apuntaba con su fusil a Sánchez Mazas? ¿Por qué lo dejó vivir? ¿Acaso se conocían? Estas son algunas de las preguntas que sirven de combustible a la novela que no voy a contarles, sino, recomendarles. Ah, me olvidaba, en la novela aparece Roberto Bolaño, quien proporciona un dato crucial de aparente inocencia a su amigo Cercas, el narrador de la historia. Bien, como dije arriba, se perdona el pecado, pero no el escándalo. Y esto lo digo no por la muy buena novela, que de hecho ya forma parte de la historia de la literatura española y mundial; lo digo por la floja adaptación cinematográfica que de ella se hizo en 2002 y que se estrenó en España en 2003.

SOLDADOS DE SALAMINA, la película del director español David Trueba, si tiene algún mérito, es que posee un guión bastante ceñido, por momentos literal, a lo narrado en la novela de Cercas. Pero sucede que ese mérito también la sentencia. La película trata de la soledad, de la recuperación de las ganas de vivir y de los buenos sentimientos como razones para seguir viviendo, afirma David Trueba. Yo no lo veo tanto así. Esta adaptación fílmica del libro de Cercas, como todo libro llevado al cine, cuenta básicamente con dos tipos de espectadores: los que leyeron el libro antes de ver el film y los que no. Para los segundos, poniéndome en su pellejo por un momento, no pasó de ser entretenida y de una visión no tan “crítica” sino melodramática, además de un manejo visual que se pierde en el letargo y que nunca llega a formar esa rica amalgama entre la historia de esa Guerra y la de su narradora (sí, en la película quien narra es una escritora y no un escritor), incluso aburrida en varias secuencias, con un manejo de cámara a caballo entre lo documental y lo cinematográfico y además, con un dramatismo insuficiente para pintar una guerra civil desde un personaje: el más antiguo falangista de España, Rafael Sánchez Mazas. Para los primeros, apreciar la oralidad literaria y literal en una película que de plano no respeta al narrador del libro, es ya todo un fiasco, más todavía cuando mantiene a personajes tan bien dibujados en la la novela, caso de Conchi (la sicodélica pareja del narrador masculino en el libro, fiel en la película al trazo de Cercas) que Trueba mantiene incongruentemente en el film, forzando su presencia al punto de inventarle un plástico lesbianismo que no aportó nada a esa versión. Otra decepción fue que ni siquiera mencionaran a Roberto Bolaño y que en su lugar, absurdamente, instalaran a un muchachito (el mexicano Diego Luna) que no encajaba en nada con el escritor de LOS DETECTIVES SALVAJES. No veo la necesidad de ceñirse casi con dientes y uñas a un guión y a una trama literaria si no se va a respetar siquiera los elementos más simples de la historia original, como lo son no solamente el tipo de narrador (en este caso, personaje-narrador), sino también, el carácter de los personajes sustanciosos de los cuales se nutre la historia. Entiendo que pudieran existir temas legales respecto al uso de nombres (Javier Cercas, Roberto Bolaño) que llevaran al pago de regalías, etc. Pero entonces, si se va a canibalizar tan grotescamente un libro tan importante como SOLDADOS DE SALAMINA, hubiera sido mejor tomarlo como referente para plasmar otra historia o una anécdota, en lugar de producir un Frankinstein basado en un modelo de Rodolfo Valentino.

5 Comments

  1. Aunque he visto la película aun no leo la novela. Admito que cuando tenga el libro lo leeré incluso más veces de cuantas me he devorado la película.
    La verdad es que la película ha acrecentado mi interés por el libro. Esa fracesita que pretendía resumir la trama, “la historia de una mirada”, en realidad, me generó una obsesión de la que difícilmente saldré, creo, aún leyendo el libro. Sabiendo que es una adaptación no me tomo la película tan a pecho. Es la libertad que tiene el realizador la que determina cuánto acomodar o rehacer la historia del texto.
    En esto de las adaptaciones de cuentos o novelas para el cine cada cosa tiene su lugar. Algunos, o pocos, no lo sé, dicen que hay adaptaciones incluso superiores a la matriz. Cada quien lleva o luce como quiere su confusión. Una cosa es el cine y otra la literatura. Por más que un libro sea el común referente en el tema de las adaptaciones.

  2. No había leído tu texto, aunque lo he pasado al Rincón porque me gusta tener de todo. No estoy de acuerdo contigo en lo de la crítica feroz a la película. A mi me gustó, porque se independiza un tanto del libro. Lo cual es bueno. En ambos casos, libro y película, si persiste esa busqueda de una razón para seguir escribiendo y trabajando, lo cual significa seguir luchando, y a través de esos héroes sin nombre encontrar unos espejos donde mirarse, no en los heroes famosos y poderosos.
    En fin otra notita, es Sánchez Mazas el nombre, no Masas. Si te lee un español te come. Abrazos

  3. Antinoo tiene mucha razón en eso de que cada quien lleva o luce como quiere su confusión. Una gran verdad. Este post es muestra de ello.
    César, lo de Gutierrez no llega a dibujar lo requerido. Es una visión parcial y desde posiciones que velan ciertos detalles.
    Y mi querida amiga Zuriñe me ha corregido lo de “Masas” por “Mazas”. Disculpas y gracias. Aunque no veo en la película la independencia del libro, sólo por cambiar de modo grotezco uno o dos personajes.

    A todos, un fuerte abrazo.

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