EL INMORTAL

Recuerdo que en las vacaciones de medio año de 1986, un amigo algo mayor que yo me regaló una fotocopia de un cuento que me mantuvo despierto, descifrándolo y saboreándolo a escondidas, durante gran parte de la noche. Yo era entonces un adolescente huraño que prefería encerrarse a leer y escuchar música antes que salir a pasear, y el cuento en mención era “El jardín de los senderos que se bifurcan”. Curiosamente, el 14 de junio de ese mismo año murió en Ginebra su autor, Jorge Luis Borges, la pluma mayor de las letras argentinas, autor de “Ficciones” y “El Aleph” entre otras joyas de la literatura universal, quien alguna vez escribió: “He cometido el peor de los pecados / que un hombre puede cometer / No he sido feliz”. Su profunda amistad con Adolfo Bioy Casares, autor de “La Invención de Muriel”, desde aquellos primeros días en que las hermanas Ocampo editaban la revista “Sur” en Buenos Aires, no desfalleció jamás, ni aun cuando Borges se autoexiliara en Europa. A la muerte de su entrañable amigo, Bioy escribió el siguiente texto:
“Un día antes de morir, Borges me llamó desde Ginebra. Fue una charla bastante larga –duró media hora– pero no comprendí en seguida que era para despedirse. Después, cuando me di cuenta, tuve una tristeza muy grande y no sabía que decirle. Borges me contó que estaba solo, sentado en su cuarto. Evidentemente era una charla de despedida, pero yo no quería admitir eso. De todas maneras, yo rechazaba la posibilidad de que él muriera… El día que murió yo iba camino a almorzar; un muchacho desconocido empezó a hablarme y me dijo:
–Sí, yo comprendo que este sea un día muy particular para usted, Bioy.
–¿Particular por qué?, le dije.
–Porque falleció el señor Borges.
Falleció, esa palabra asusta ¿no? Escuché la palabra, caminé unas cuantas cuadras; estaba desorientado. Y tristísimo. Así me enteré de la muerte de… Mire, puedo decirle que muchas cosas debieron prepararme para aceptar ese golpe como algo ya inevitable, pero me sorprendió. Uno a la muerte la pone en el futuro, para seguir viviendo, para tolerar la vida; pero cuando pasa es terrible. Uno pone la muerte del amigo en el futuro, modesto futuro, pero futuro al fin. Eran las doce y media –¿de un sábado?– cuando me enteré. Ahí supe que la conversación del día anterior era la despedida. No quería aceptar eso. Fueron muchos años de estar juntos, desde el 32. ¡Qué tristeza! Bueno, ya no me da vergüenza que usted me vea las lágrimas”.
Tomado de Perú21: Rodolfo Araceli. Borges-Boiy. Confesiones, confesiones.

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5 Comments

  1. a mi me paso lo que a ti con “Las tres Versiones de Judás”, desde entonces no he podido dejar de pensar que Ficciones es en verdad un Evangelio no reconocido por la Iglesia.

    Y lo que es, unos se van y otros llegan, casi lo olvido, feliz cumpleaños Pita. Ya te llamo mañana, osea en la mañana.

  2. Borges siempre será un arriesgado esfuerzo intelectual y un rico aprendizaje. Hasta ahora, no sin ciertas dudas, me sigo plateando si él quizo burlarse de nuestra ignorancia o buscar nuevas rutas para el conocimiento. No dejaremos de sentirnos tentados a ser ciertos “borgesitos”. Feliz cumpleños Pita!!

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