HUMPHREY BOGART

WE ALL LOVE YOU, BOGIE
(Texto de mi amigo Gerardo Cailloma, director del cineclub de la UPN, a propósito del ciclo de cine que proyectará en la segunda semana de agosto; de paso, aprovecho para decirles que ya han reparado mi cerebro, es decir, mi protátil, y volveremos al fragor de los post en estas nubes).
“Quién no ha visto CASABLANCA y no ha soñado con ese brumoso final de amor entre 3 personas, con el gesto de héroe oculto y bizarro que encarna Ricky. Ese hombre errante y luchador de causas perdidas para el resto de los mortales, menos para él que tocó la gloria en vida, se convirtió en el icono de cientos de hombres y en el amante secreto de millones de mujeres. Humphrey Deforest Bogart nace en Nueva York un 23 de enero de 1899 en el seno de una familia prominente. Su padre, un médico atractivo y simpático, tenía un porte atlético y además de una aguda reflexión sobre las relaciones sociales; esa agudeza va a ser su arma, acompañada de una filuda lengua para dar sus opiniones. Su madre fue una ilustradora que en algún momento retrató a Humphrey aún bebé y lo hizo famoso cuando ese retrato fue comprado por una compañía de comidas infantiles. Pese a tener conflictos con la autoridad, se enroló en 1918 en la marina. Su participación en la Primera Guerra Mundial como timonel le valió una cicatriz, la que en el futuro ha de convertirse en su marca personal (aunque algunos dicen que la obtuvo en una pelea de cantina, vaya uno a saber). Tras su experiencia bélica, se interesa por el teatro a los 20 años, tanto como promotor y luego actor. En los años 30 se enrumba a Hollywood, pagando derecho de piso en diversas películas de categoría B en papeles de gánster o de un delincuente común. Esta fama se la gana gracias a su parecido físico con un gran gánster de los años 20: DILLINGER En 1936 obtiene, por fin, su primer papel significativo como un delincuente fugado en EL BOSQUE PETRIFICADO. Pero su gran oportunidad como actor y su gran rol como estrella del cine norteamericano va a ser en EL HALCÓN MALTÉS como el inspector SAM SPADER. Su camino hacia el firmamento hollywoodense es incontenible, además abre la veta del famoso cinema noir, tan típico en los años de la Segunda Guerra Mundial. Es entonces que encuentra su alter ego, el héroe solitario, luchador, con aspecto marginal, escéptico e individualista. Además conoce a la mujer que lo ha de acompañar no solo en sus mejores películas como TO HAVE AND HAVE NOT o THE BIG SLEEP, sino la que ha de ser su pareja definitiva (tuvo dos matrimonios previos) hasta su muerte en 1957: LAUREN BACALL. Se aficionó al alcohol, era un bebedor intenso y en la reciente película CAPOTE, hay una deliciosa recreación por parte del ficticio TRUMAN CAPOTE, quien narra las soberanas borracheras que sostuvieron JOHN HUSTON y nuestro actor; con HUSTON iniciaron no solo una buena relación laboral, sino una profunda amistad, que los llevó a trabajar muchas veces juntos en varios proyectos, algunos de ellos descabellados. Esa positiva amistad les permitió hacer grandes filmes, algunos de ellos verdaderos clásicos del cine mundial: ahí están, fuera de EL HALCÓN MALTÉS; ACROSS THE PACIFIC, EL TESORO DE LA SIERRA MADRE y, sobre todo, LA REINA AFRICANA, que le permitió ganar un Oscar a nuestro actor. Luchó tanto en la pantalla como fuera de ella por sus ideas y sus ideales; apoyó a un gran número de actores y gente ligada al cine en su lucha contra McCarthy y su absurda caza de brujas que diezmó a la intelectualidad norteamericana. Muere de cáncer al esófago un 14 de enero de 1957, un poco antes de cumplir 58 años. Lo acompañaron a su destino final sus grandes amigos JOHN HUSTON, KATHERINE HEPBURN, SPENCER TRACY, entre otros muchos y, por supuesto, su viuda LAUREN quien es la única que en la actualidad le sobrevive.

Debemos cerrar esta pequeña introducción con las frases que dijo Huston delante del lecho de muerte de su amigo: “Él es irremplazable. Nunca habrá alguien como él” Tras 49 años después de su muerte, esas palabras siguen siendo verdaderas.”

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