LAS COSAS QUE NO DEBERÍAS VER

A pesar de saber de ciertos lugares comunes como fuente o motivación de creación artística, creo que siempre aparecerá algún nuevo “pretexto” (o quizá no tan nuevo sino recién conocido por nosotros) para hacer arte. En el caso de Jafar Panahi (Irán, 1960), cineasta y discípulo y admirador de Abbas Kiarostami (Irán, 1940, guionista y director de “Y la Vida Continúa”, “A través de los olivos”, “El olor de las cerezas” entre otras premiadas), lo que le impulsó a realizar su primer largometraje “El Globo Blanco” en 1995, fue la tentación de lo prohibido. Aquello prohibido de ver. Y lo prohibido aparece figurado en su ópera prima como una reunión callejera de encantadores de serpientes, cual cómicos ambulantes, negada siempre por la madre a la pequeña protagonista, Razieh,. al cruzar las calles rumbo a su casa, en el centro de Teherán.

El Globo Blanco” narra en forma clara y sencilla las peripecias de una dulce niña luego de que perdiera el único billete que su madre le obsequiara para que se comprase el pez dorado con el que tanto soñaba. Un pez dorado como tradición de Año Nuevo en Irán, que principia el 21 de marzo, con el primer día de primavera. Jafar Panahi, como Kiarostami y antes como sus admirados directores del Neorrealismo Italiano (y de éstos, más Rossellini), se vuelca a las calles a rodar, a buscar las locaciones reales que albergaran a sus protagonistas de a pie, quienes no eran actores profesionales ni compartían un rígido guión aprendido; sino, un esquema de diálogos y una estructura y un orden necesarios para que aquellas libertades expresivas no estropearan la puesta en escena. Esta historia de orden cotidiano, de aparente timidez argumental, sirve como soporte para hilvanar los temores, preocupaciones, juegos y sorpresas propios de la infancia, contraponiéndose a las actitudes de los adultos que le salen al paso durante el desarrollo de esta inocente odisea. “El Globo Blanco” nos muestra en blanco y negro, con una depurada fotografía de corte documental, y abundantes tomas a cámara quieta, que los problemas de los niños no tienen porque ser considerados menores sólo por ser padecidos por éstos. Más todavía cuando son los niños quienes suelen divagar con las proporciones. Así, el peso emocional de la película recae sobre el ser más endeble: la pequeña y atribulada Razieh, de voz delgada y mirada inquisidora, incapaz de contener por si sola tanta pesadumbre. Por eso es que la acompaña su hermano mayor, quien hace las veces de caballero, cuidando de ella en las calles de una metrópili plagada de argucias.

El Globo Blanco” (premiada en el Festival de Cannes 1995 con el Gran Premio Cámara de Oro; en el Festival de Tokio 1995 como Mejor Película y con el Dragón de Bronce; en el Festival de Sao Paulo 1995 como Mejor Película y Premio del Jurado) nos plantea la eterna metáfora acerca de la brevedad de la inocencia. Una inocencia que pronto la vida nos arrebata ni bien aprendemos a ponderar el dinero. Sin embargo, por cualquier medio y de cualquier forma, los adultos siempre tentamos volver a recuperar; aunque sea repitiéndonos en otros niños, o siendo cómplices de ellos. Panahi ha confesado ser la pequeña Razieh. Y esta historia empezó como toda historia: mucho antes de que uno la recorra. Panahi se la contó a Kiarostami mientras trabajaba como su asistente en “A través de los Olivos”, y Kiarostami la trasformó en el guión de esta hermosa película, cuyo título, o mejor dicho, este tipo de títulos, circunstanciales a la historia central, es marca definitiva de ambos realizadores iraníes, acaso los abanderados del nuevo cine iraní.

3 Comments

  1. Sam

    Me gustan tus textos sobre cine, aprendo mucho con ellos. Ah! el dato de la web de Thays y Co. sobre cine me parece genial. Seguiré leyéndolos 🙂 Algún día escribiré tan buenas críticas como las suyas (claro con estilo propio, ¿no?).

    Saludos,

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