NOBEL EN LA MIRA

El Nobel alemán de literatura, Günter Grass, continúa siendo el centro de la atracción del mundo intelectual, debido al revuelo causado por las confesiones de su breve y desorientado pasado nazi. Como es sabido ahora, a los diecisiete años Grass sirvió en la división Frundsberg de las Waffen-SS a fines de la Segunda Guerra Mundial. El gorro de El Comercio de ayer 16 resaltó lo siguiente: “El escándalo comenzó con la publicación de algunos fragmentos de PELANDO LA CEBOLLA, la esperada autobiografía de Günter Grass. Sus confesiones sobre su pasado nazi, ocultas durante 60 años, lo sitúan hoy en el ojo de la tormenta del debate intelectual.” En una extensa y objetiva entrevista extraída de El País, realizada por un conocido periodista amigo suyo en su residencia en la Isla de Mon, Grass ha explicado que reprimió sus impulsos de sincerarse “por pudor y voluntad de dar forma a la explicación”. De dicha entrevista publicada también en El Comercio, voy a reproducir un fragmento que me pareció estremecedor:

“Se me puede criticar (dice Grass), y desde luego voy a aceptarlo. Pero también reclamo para mí el derecho a reservarme mis cuestiones hasta que encuentre la forma de expresarlas. Por ejemplo, he tardado mucho tiempo en escribir “A paso de cangrejo”, en el que me ocupo de la suerte de los expulsados alemanes de los territorios orientales. Eso tenía mucho que ver con el destino de mis padres. Durante la ocupación soviética de la ciudad de Danzing, mi madre fue violada repetidas veces por soldados del Ejército Rojo. Para evitar que violaran a mi hermana de 14 años, ella se ponía delante. Mi madre jamás habló sobre ello, y sólo lo supe después de su muerte. Únicamente pude hablar de ello al escribir ese libro. Esa es la complejidad de este proceso literario, que lleva el paso hacia atrás del cangrejo. Creo que es mi derecho. No he dicho nada falso. (…)”

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