SHAKESPEARE Y AL PACINO

Me entero por una nota de prensa de Eurofilms que uno de mis actores preferidos, Al Pacino (“El Padrino”, “Tarde de Perros”, “Caracortada”) declarado admirador de William Shakespeare, no contaba con interpretar a Shylock, el personaje principal de “El Mercader de Venecia”. Confesó que nunca tuvo deseos de interpretarlo, y lo dijo justamente en la ciudad de las góndolas: Venecia. Como dato curioso de este film que ya está en la cartelera limeña, cuentan que en el estreno de esta versión cinematográfica de la obra de Shakespeare, del director Michael Radford, en el Festival de Venecia del 2004, se habían vendido 200 entradas de más para el estreno y la función tuvo que comenzar 70 minutos luego de la hora pactada; además, con el protagonista presente en la sala, pero, como supondrán, de pie: pues no había butaca libre para nadie. Dice Al Pacino, en un extracto que también lo he visto en Luces de El Comercio: (…) Acepté hacer a Shylock porque el guión de Michael captó en el mejor sentido lo que expresa Shakespeare sobre la condición humana. Mi personaje puede hoy reflejar mucho de la relación con los otros, y ofrece un material para la controversia. Eso ya es de por sí un reto. Pero Shakespeare escribió para el teatro y el cine tiene otra dinámica (…). En este punto valdría la pena detenerse por un instante, aunque las diferencias entre uno y otro género saltan a la vista desde el vamos, incluso, y sobretodo, en el guión y en la actuación. En teatro no se cuenta con edición ni post-producción ni nada de eso, a lo más con una “banda sonora” en vivo, de ser el caso y de considerarlo necesario el director. En cine se dice “acción” desde el inicio de los tiempos del cine, y se repiten las tomas y etc. y al final se nos entrega el producto final con el mejor de los esfuerzos de los realizadores, etc. (aunque a veces no alcance). En teatro, cosa obvia, una vez en escena los errores que aparecieran se echan al hombro y se sigue adelante, no existe el “corten” y el retoque aunque sí la improvisación. Y me voy a la voz que todavía sé que emplean algunos dramaturgos, abrazándose a la clásica indicación en latín, pensando quizás en las tragedias griegas que tanto le gustaban a Rimbaud: “exeunt”.

*En la imagen, un fotograma extraíado de la web oficial de la película.

2 Comments

  1. La vi hace poco en dvd y no me gustó. Esperaba más y me pareció un simple romance de amor cortés y poco de histórico. Me resultó tan soporífera que la dejé a mitad.
    Compré el libro de Banville, la versión inglesa, mucho más barata, 9 Euros. Los ingleses si que saben para que aumentar la lectura. Saludos

  2. Ultima (que se conozca) adaptación de la célebre obra de ese tal Shakespeare, famoso guionista de Hollywood, al decir de no pocos productores ejecutivos jóvenes que pululan por el negocio del Séptimo Arte (aunque para ellos no sea más que Negocio, así con mayusculas).
    Es muy fiel, lo que es a la vez, ventajoso y negativo para el resultado final.
    Es preciso decir que resulta interesante y entretenida, por lo que se puede considerar una buena película….que no convence del todo, aunque sí gusta.
    La mayor tara es su larga duración, con ese largo epílogo, demasiado fiel a la obra literaria y del que se podría y quizás debería haber prescindido para un mejor acabado. Pero quizás sería traicionar al inmortal bardo.
    Por lo demás, ofrece lo que se espera de ella, buena ambientación, excelentes diálogos y unas interpretaciones logradas, dejando lucirse prácticamente a todo el elenco. Yo destacaría, no obstante, a la exquisita Lynn Collins, en el difícil papel de Porcia. También Al Pacino está bien, sobre todo en la parte del juicio, donde da el do de pecho.
    Sin embargo, lejos de quedarme con cualquier escena en la que Pacino da rienda suelta a su buen hacer interpretativo, me quedo con el largo momento en que Bassanio y su fiel amigo llegan a conocer a sus damas y, sobre todo, los quince minutos o así, seguidos de la carta por parte de Bassanio donde le dan malas nuevas de la situación económica de su querido amigo Antonio. La despedida entre los cuatro amantes es bellísima.
    En cuanto al áspero asunto sobre si la película se ha alejado del espíritu antisemita de la obra original, hay que decir que se puede interpretar que no, dadas los estupendos razonamientos por parte del judío Shayloc y sus adversarios cristianos en el juicio final. Las dos partes dicen verdades como puños, aunque lejos de resolver las diferencias entre ellos, prima al final la venganza pura y dura (como se suele decir).
    En resumidas cuentas, una buena película que, no obstante, podría haber sido mejor si Radford hubiese tenido más imaginación y menos respeto a Shakespeare. Pero seguramente eso es pedir demasiado.

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