ELEGIDO POR EL JAZZ

Forest Withaker. Dos películas suyas llaman mi atención por la conexión entre ambas: el Jazz. En 1988 encarnó al drogadicto y paranoico genio del Jazz, Charlie Parker, en un bio-pic titulado Bird, dirigido por Clint Eastwood. Cinco años después, en 1993, protagonizaría a otro jazzman en El Último Lujo (Lush Life, en la programación de Cinecanal de este mes), bajo la batuta de Michael Elías, en que Whitaker, al lado de Jeff Goldblum (el recordado protagonista de La Mosca, 1986) encarna a un talentoso y anónimo trompetista que padece una enfermedad terminal en un Nueva York que recuerda al mejor Woody Allen.

Las dos producciones son estupendas tanto en carga dramática y dirección como en la dosificación de lo que sería el ingrediente principal: el Jazz. Y la inteligencia de ambos directores es reconocida, paradójicamente, al no hacer de estas películas suyas simples frescos musicales: pues la música jazz lo copa casi todo, no obstante más importante es la atención que recae en quiénes la interpretan y cómo viven dichas personas, atribuladas en su momento por profundas vicisitudes sociales y conflictos personales. Ambientada en los años cuarenta y cincuenta en el sur de Estados Unidos y en Nueva York, Bird narra la desordenada vida de Charlie Parker, cuyo apodo daría nombre al film. Parker remeció casi literalmente el Mundo con novísimas y complicadas escalas musicales, como la ”quinta sostenida” o “blue note”, fundando lo que sería el bebop: un estilo muy ecléctico de interpretar lo que por entonces se conocía como Jazz. De otra parte, en el caso de El Último Lujo, Elías nos muestra un recorrido por uno de los muchos músicos de Jazz o Jazzman de la Gran Manzana, talentosos, anónimos y errantes que vivieron y murieron idolatrando a genios como Charlie Parker, Sonny Rollins o Clifford Brown, cuya trompeta, en manos de Buddy (interpretado por Whitaker) vuelve a la vida luego de años de olvido.

Charlie Parker era drogadicto y alcohólico desde los trece años, padeció por un tiempo la cruda indigencia y estuvo recluido varias veces en hospitales psiquiátricos durante su temprana y breve madurez. Era un tipo violento, depresivo, autodestructivo; era, también un genio del Jazz a quien el éxito no consiguió cambiarle su singular visión del mundo y de la música. Eastwood plasma con bastante sensibilidad la frustración inicial de Parker de no poder tocar toda esa música que oía dentro suyo; todo ello tomó formas de incomprensión una vez asimiladas y extraídas por su saxo, y esto avivó la paranoia y la adicción que lo empujaron a querer vivir siempre en un estado delimitado por dos planos imaginarios: entre un demasiado tarde y un demasiado después (tema de Cortázar en su relato basado en la vida de Charlie Parker, El Perseguidor ). Cuando Charlie murió a los treinta y cuatro años en 1955, sonriendo frente al televisor, los médicos que le practicaron la autopsia pensaron que se trataba del corroído cadáver de un cincuentón. Una suerte semejante aguardaría a Buddy Chester (Whitaker), el personaje principal de El Último Lujo, quien era un trompetista solitario que vivía en un departamento del downtown de Nueva York, a quien parecía no interesarle nada que no fuera su mejor amigo, Al Gorky (Jeff Goldblum) y el Jazz. Buddy vivía idolatrando a sus héroes musicales y perfeccionando su estilo (influenciado por Charlie Parker, Sonny Rollins y Clifford Brown). Era un músico que se ganaba la vida tocando en bares y fiestas privadas, propenso a la bohemia neoyorkina, hablaba con pasión del bebop (un Jazz abreviado, fragmentario, frenético) y conservaba también, en su golpeada memoria, los tristes recuerdos de su único matrimonio venido a menos a causa de su amor por el Jazz. Posteriormente la vida lo enfrentaría a cuestionar su existencia; una existencia que no podría ser percibida lejos de su amor por dicha música y de lo que ésta le producía. Como ven, tanto Charlie como Buddy fueron víctimas de sus pasiones, de su arte y de un destino homologado en el Jazz y en el infortunio, imposible de presentir sin jugarse la vida por su música y el nocturno mundo de drogas y licores que ésta imprimía en Nueva York durante aquellos frenéticos años; y ambos dramas parecieran pensados desde siempre para que un profesional y espontáneo Forest Whitaker, ensimismado en sus respectivos jazzman, nos los mostrara. Un Forest Withaker que también parecía herido de soledad, talento e incomprensión, al punto que resultaba difícil, finalmente, asimilar que tan solo estaba actuando, o viviendo para nosotros una vida de otros.

4 Comments

  1. Hace tiempo leí “El Perseguidor” de Cortazar. Ignoraba que se basaba en la vida de Charlie Parker. Lástima que este músico muriera tan joven y en esas condiciones. Muy interesante reseña sobre esta película.

    Saludos

  2. pues me gusta mucho el jazz y charlie parker lo he oido cuando tocaba con chet baker y de vez en cuando aislado. me gustaria ver el film, debe de ser genial. yo he visto una pelicula de un musico que me gusto bastante. es la vida de david helfgot “shine” es buenisima sobre un pianista y la locura que sufre por trastornos emocionales y como la musica sigue en el siempre.

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