LA MUERTE DE ALTMAN

Las principales agencias noticiosas dan cuenta de la muerte del independiente director norteamericano Robert Altman el pasado lunes a los 81 años. El País de España resalta en su nota que La edad o el trasplante de corazón recibido 11 años antes de morir tan sólo le variaron el andar, más lento y pesado, porque su mente mantuvo hasta el final la misma agilidad, inteligencia y agudeza de sus películas, desde M.A.S.H., Buffalo Bill, Nashville, El juego de Hollywood o Gosford Park. Éstos sólo son algunos de los títulos por los que le gustaría ser recordado, lo mismo que por Los vividores, Vidas cruzadas o incluso Popeye, porque Altman nunca dejó ninguno atrás. “Sólo he hecho el cine que he querido hacer”, afirmó con convicción antes de añadir eso de “y siempre he estado al cargo de todo lo que he hecho. Lo único que lamento es que un día dejaré de hacer cine, pero hasta entonces seguiré trabajando porque me aburro de muerte cuando no ruedo. No hay nada más que cautive mi interés. Pienso morir con las botas puestas”, sentenció el realizador de un deseo que hizo realidad. Además cuelgan una lista con frases que fueron el reflejo de su vida, como “Veo todas mis películas como capítulos de una sola obra, un único filme del que nunca me he cansado”.
José Calero en Asteriscos.Tv resalta que Altman, quien este año había recibido el Oscar por su larga trayectoria artística y cuya última película en cartelera fue “A Prairie Home Companion” (“Noches mágicas de radio”), se caracterizó por marcar su carrera con una visión cínica de la sociedad. Y en mención a ese Oscar es que Alberto Servat dice en El Comercio ¿Qué más podemos decir de este gigante del cine? Que nació el 20 de febrero de 1925 en Kansas City; que fue copiloto de un bombardero en las Antillas; que se formó en la televisión en series como “Alfred Hitchcock presenta”; y que nunca obtuvo el Óscar, pasando de esa manera a la lista de los elegidos, los mejores talentos de la historia del cine a los que una miope Academia solamente concede el premio honorario. De nuestra parte nos queda desempolvar los anaqueles y darle una revisión a su obra, que marcadamente personal, siempre causó molestias al aparato comercial de Hollywood.

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