EL PRIMER FASSBINDER

A manera de escueta antesala a lo que será el bizarro ciclo de cine “Ver o Morir” en El Cinematógrafo de Barranco, cuya cartelera colgada en Cinencuentro causa asombro, agradecimiento y admiración entre los cinéfilos por la apuesta por un cine de difícil acceso y mesas de diálogo planteadas en cada proyección, me animo a hablar de uno de sus agasajados: Rainer Werner Fassbinder.

Fassbinder es considerado uno de los más grandes directores del Nuevo Cine Alemán. Caracterizado por una inteligente mezcla de arte y entretenimiento, fue polémico desde sus planteamientos estéticos y desarrollo argumental de corte subjetivo, no obstante bañado de una controversial vida personal, logró hacerse del cariño del público no sólo en su Alemania original, sino también en toda Europa. Tanto así que a su muerte a la temprana edad de 37 años debido a un paro cardiaco causado por el abuso de somníferos en 1982, muchos consideraron el fin de una era en el cine de Alemania. Reunido con un grupo de amigos en 1968, entre los que se cuenta a la que sería su diva, Hanna Schygulla, funda el colectivo de actores Antiteater con que busca presentar trabajos heterodoxos y de connotaciones políticas a través del teatro, el cine y la televisión. Así, su primer largometraje no se hace esperar mucho y en 1969 aparece Liebe ist Kälter als der Tod, algo así como El Amor es más frío que la Muerte, compitiendo en el Festival de Berlín de aquel año, pero pasando inadvertido.

Su ópera prima en blanco y negro viene a formar parte del llamado cinema noir, y por ello viene con marcadas influencias de la nouvelle vague; no en vano figuran Chabrol y Rohmer en la dedicatoria, aunque yo percibo más al Godard de Alphaville: más en la dinámica de las tomas que en los encuandres frontales a cámara congelada, y aun en los travellins. “El Amor es…” narra la historia de un triángulo juvenil formado por una pareja de delincuentes (Fassbinder y su querida Schygulla) y un asesino de sangre fría que conocieron mientras eran prisioneros de un mafioso mayor. Pronto esa amistad se consolidará al punto de protegerse y tratarse cual si fueran hermanos, pese a que la hermosa jovencita, una requerida prostituta, tenía ya otros planes con su pareja mucho antes de que el par de nuevos socios pensara en el atraco a un banco. Con diálogos escuetos y elipsis apresuradas, en contraparte de las largas tomas a cámara quieta, Fassbinder nos muestra linealmente una sucesión de eventos que parecen inevitables en el destino de sus personajes, en situaciones exageradas por momentos, queriendo denotar la importancia de lo individual del pensamiento y su conflicto con el orden establecido. A su vez, mostrar también que todo entramado, proyectado de una parte u otra, también corre el riesgo de venirse abajo en cualquier momento; más todavía cuando las conspiraciones brotan, golpeándose entre ellas. Un debut que, a pesar de sus limitaciones argumentales y sus datos escondidos que parecieron sacados de la manga a última hora (llamadas telefónicas, obvios policías que pasaron desapercibidos), mostraba ya a un Fassbinder inquietante y de vocación perturbadora.

Al año siguiente, en 1970, su segunda película Katzelmacher (un melodrama que muestra las relaciones de 4 parejas y un obrero griego) lo reivindicaría con la Crítica en forma de varios premios, incluido el Premio Nacional de Cine de 1970. En ese año Fassbinder sorprendería con una inusitada productividad, pues produciría algo de ocho filmes de diversas calidades y propuestas, así como trabajos para el cine y el teatro. Filmes suyos entrañables para mí son Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1971) en que retrata la fragilidad de las relaciones amorosas mermadas e incluso trastocadas por la ambición, la codicia y lo ilusorio. Así también lo es El Matrimonio de María Braun (1979), tildada por él como su película más hollywoodiense (no tanto por lo argumental como por lo estético, creo yo), una película de personajes en la que la protagonista María, una decidida e inteligente mujer (encarnada por una madura Hanna Schygulla), se propone hacerle frente a su miseria y en ello nos conduce por los dramáticos intersticios de una Alemania de posguerra que atosiga de desgracia a sus habitantes, llevándolos a hundirse en terrenos insospechados. La moral y el doble juego de lo prohibido y lo tentador, lo indefinido de los límites entre lo normal y lo demencial, la siempre incomprendida condición humana son algunas de las motivaciones presentes en su filmografía; aunque de todas ellas la que descuella es la forma de la muerte como frívola esperanza de lo vano y acaso como el sendero que el propio Fassibnder, finalmente, recorrió.

4 Comments

  1. Hola Oscar:

    Se te olvidó sumarle el adjetivo “amargas” a las lágrimas de la pobre Petra. Esa película es una maravilla, y siempre acude a mi memoria cuando me toca contemplar un teléfono, esperando por una llamada que me reviva o me mate.

    El ídolo de Fassbinder siempre fue Douglas Sirk, un alemán emigrado a Hollywood. Voy a traicionar un poco a Fassbinder al recordar con libertad sus palabras: “Las películas de Sirk tenían toda la apariencia prescrita por la industria holliwoodense, pero detrás del esplendor se escondía una tristeza profunda, un cuadro de infelicidad que contrastaba con el optimismo fácil de la mayoría de las producciones de ese entonces…”

    Yo vi varias películas de Sirk y Fassbinder tiene razón. Recomiendo una en particular: “Tarnished Angels”, con Rock Hudson y Mirna Loy.

    Otra cosa. En la lista de los mejores jugadores de fútbol de todos los tiempos, creo que Fassbinder incluye un solo latinoamericano: Garrincha.

    Su música favorita: le gustaban muchas cosas, pero guardaba especial cariño por The Platters (algunas de sus canciones son parte de la banda sonora de Las amargas lágrimas de Petra Von Kant). Ojo, también le encantaba Kraftwerk.

    Las películas que más recuerdo: La angustia corroe el alma, Bolwieser, Lola, Mamá Kuster marcha al cielo, La ruleta china, María Braun y Petra Von Kant.

    Saludos

Leave a Reply