CINE DE LOS 90’s: IMAGEN Y SONIDO

Continuamos con las entregas del libro de Taschen, tal como lo ofrecimos hace una semana:

Los avances tecnológicos ponen asimismo de manifiesto lo natural que resulta hoy en DIA la relación entre la televisión y el cine. En la actualidad, los televisores se diseñan con un formato de pantalla(16:9) que corresponde al formato de pantalla panorámica del cine. Cada vez se fabrican televisores de mayor tamaño y hace mucho tiempo que la pantalla de cine dejo de ser la única forma de presentar una película. Los sistemas dolby de sonido envolvente permiten que, incluso en casa, el sonido y la música de una cinta se puedan percibir de forma especial. Cabe destacar el alcance de la transformación de la experiencia televisiva gracias a los avances tecnológicos. El video representa una especie de cine casero, sin mencionar la tecnología más puntera del formato DVD.

Hay que reconocer que dicho programa técnico tiene sus orígenes en las salas de cine, así como la calidad del sonido digital, en especial en los cines multisalas, que dio paso a una nueva era cinematográfica. Basta con pensar en la película bélica Salvar al soldado Ryan (1998,pag. 292) de Steven Spielberg, tan escarizada, que en los primeros quince minutos nos ofrece una especie de fenomenológica de los sonidos de la guerra, con balas rebotando en el metal, penetrando en el agua o rozando las orejas de los soldados con un silbido. La fotografía del comienzo del filme se ve granulada y recuerda a los noticieros de los años cuarenta, mientras que el sonido resulta sumamente variado. Es como si las imágenes que recrean acontecimientos históricos cobraran auntencicidad por medio de la banda sonora. Experimentamos incluso la sordera del capitán Millar cuando, horrorizado ante tantos muertos, deja de oír por un istante todo ruido externo. Para el espectador hace tiempo que resulta natural ver a través de los ojos de uno de los personajes de un filme o interpretar una panorámica desde el punto de vista subjetivo de una persona. Pero en los años noventa se llega incluso a oír a través del oído de un personaje. El gran éxito del que gozo Spielberg con Parque Jurasico (1993,pag.68) se debió también al uso convincente del sonido, ya fuera en plena estampida de una manada de pequeños dinosaurios o en la inolvidable escena en la que un jeep es perseguido por un Tiranosaurus Rex, cuyos potentes pasos parecen hacer temblar todo el cine.

En el cine de los noventa, resulta imposible no realzar la importancia del sonido en la labor de conferir veracidad a las imágenes. En este aspecto, David Fincher se lucio con su éxito Alien lll (1992). En la escena más truculenta de la película, hay que practicarle una autopsia a una niña, pues nadie sabe si en su interior se aloja un ser alienígena. El espectador ve los instrumentos necesarios para llevar a cabo la intervención. La autopsia en si no se muestra, pero se oye el tórax de la muchacha al abrirse. La escena resulta casi insoportable y constituye una de las imágenes mas frías que ha producido el cine actual. Escenas de ese tipo ilustran el poder que puede ejercer el sonido y su capacidad para resultar tan eficaz como las propias imágenes de una película.

Todos los ejemplos citados tratan de la técnica de reproducción del cine y la televisión como medios creadores de ilusión. Pero ¿ha contribuido también el video a cambiar la estética del cine de los años noventa? El ejemplo mencionado anteriormente de El silencio de los corderos (en el post anterior) muestra hasta que punto pueden acelerarse las imágenes, algo que se pone de manifiesto con mayor claridad si pensamos, por ejemplo en la influencia de los video clips musicales, caracterizados en gran parte por tomas breves y cortes frecuentes. Las imágenes se muestran solamente durante fracciones de segundos, por lo que apenas son perceptibles. En la escena de la batalla del comienzo de Gladiator (2000) de Ridley Scott, los cortes se suceden con tal celeridad que no permiten captar la trascendencia de una milésima de segundo que separa la vida de la muerte. Al mismo tiempo, somos concientes del repentino arranque de velocidad de la secuencia. Primero vemos a los legionarios preparándose con meticulosidad para batallar. Cuando pasan al ataque, la película se acelera y nos sume en plena contienda, donde nada responde a una decisión meditada, y todo ocurre por intuición. Dichas escenas suponen un ataque y una presión para los sentidos a partes iguales. El espectador es todo ojos, mientras que su intelecto se mantiene en suspenso.

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