LA LITERATURA, NO PAGA

El pasado martes la sección Cultura de Perú.21 estuvo copada por una interesante entrevista a Germán Coronado, gerente de la editorial Peisa. En la entrevista se abordaba la patética disposición del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) que acaba de establecer que los autores y traductores de libros deben pagar el impuesto a la Renta –del que estaban exonerados porque así lo establecía la Ley del Libro (octubre de 2003)– por medio de un tecnicismo que burla el espíritu de la norma: en la ley no se precisó el plazo de esta exoneración (…). Con semejante disposición quedan postergados los proyectos que tenían como punto de llegada fomentar el hábito por la lectura a través de la divulgación del libro. Es decir, como lo señala Coronado, esa era una tarea que iba a realizar el Estado implementando bibliotecas y establecía las condiciones para que se desarrolle una industria editorial, incorporando, incluso, a los piratas. Creaba, además, Promolibro, organismo que iba a establecer un mecanismo de captación de recursos, tanto del Estado como de organismos multilaterales (…). Preguntado acerca del beneficio de la Ley del Libro de exonerar del Impuesto a la Renta a los autores, Coronado manifestó que Este es un beneficio importante para los escritores, pero insignificante para el Estado, que recaudaría como máximo treinta mil dólares. Si un autor va a recibir dos mil soles por derechos de autor –y son pocos quienes cobran esta suma–, que los reciba completos, y no mutilados. Lo que ha hecho el MEF perjudica a miles de creadores locales, quienes con esto pueden dejar de escribir simplemente porque hacerlo no paga. Y esto último es también un tema interesante: en nuestra sociedad no estamos acostumbrados a “comprar” cultura. Creemos, y quizás por estar mal educados, que todo lo cultural debiera ser obsequiado. Seríamos felices asistiendo a funciones gratuitas de teatro, a gratuitos conciertos y recitales, a funciones gratuitas de cine y que se nos regalaran los libros y los cuadros y etcétera. No se piensa nunca en el creador ni en los empresarios de la cultura. Nos invade un egoísmo supremo a dicha hora y encima, la nefasta política cultural que viene adoptando el gobierno de turno, no hace sino espantar a libreros y escritores; estos últimos venidos a vivir, en el mejor de los casos, tan solo del reconocimiento que sus obras pudieran conseguir; pues lo económico, ya sabe cada quién como se lo agencia porque, parafraseando una cita del cine negro: la Literatura, no paga.

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