POÉTICA DE INTERIORES

Jorge Eduardo Eielson se refería a sus poemas publicados como “poesía escrita”, y con dicha sentencia distinguía (y hermanaba) su arte poética de su arte plástico: pintura, escultura e instalación. Woody Allen, como Eielson, pareciera que también se ha visto tentado por el cambio de formato, o, mejor dicho, por la intromisión de un arte en otro: la Literatura en el Cine y viceversa. Los resultados que ha obtenido al respecto el director de “Manhattan” (1979) son tan disímiles como la calidad de su copiosa filmografía. Cosa obvia, lo de Eielson es la “poesía escrita” y lo de Allen es el Cine; aunque algunas veces me quedo con la sensación de que algunas películas suyas fueron pensadas desde lo literario. Tal es el caso de “Interiores” de 1978, que constituye una buena muestra de ello.

Interiores”, para sorpresa de muchos, no contiene los rasgos más notorios del cine de Allen; al menos no en la parte argumental. Es decir, no linda con lo ridículo, con lo melodramático ni con lo tragicómico que tantas veces le ha funcionado (“Robó, huyó y lo atraparon”, 1969, pimer filme dirigido por él). Todo lo contrario, esta buena película, antecesora de su reconocida “Manhattan”, es su primer drama serio. “Interiores”, de quien su director, debido a la poca acogida hollywoodense a pesar de sus 5 nominaciones al Oscar, decía es una película para europeos, ubicada a finales de los setenta, funciona como aquellas novelas clásicas del siglo XIX, en que el lector, o espectador, difícilmente podía desprenderse del personaje principal y de su entorno. Un entorno contaminado por los conflictos del héroe o la heroína, o por lo que de ellos hubiera quedado. Confeso admirador de Víctor Hugo y Chéjov, no es raro que Allen haya optado por una estructura literaria en su primer drama serio, primer filme suyo en el que no actúa, en que todo queda restringido a una única familia, pero con diversos puntos de vista, ingrediente atractivo propio de la modernidad.

Aquella acomodada familia estaba compuesta por una madre decoradora de interiores llamada Eva (Geraldine Page); Arthur, el padre abogado y sustento; tres hijas: Renata (Diane Keaton), la mayor, una talentosa y atribulada poeta; la segunda, Joey (Mary Berth Hurt), la preferida del padre, fotógrafa indecisa y admiradora del arte de su hermana mayor; y Flyn, la menor y más hermosa, convertida en una actriz de televisión y de películas de bajo presupuesto. La poeta tiene una pequeña hija y está casada con un escritor cuyos libros no son bien acogidos por la crítica. La fotógrafa indecisa está comprometida con un joven idealista político preocupado en hacerla feliz y en que ella descubra la forma de manifestar su talento. Eva, la madre, ya sobre los sesenta años, ha sido víctima de ataques de nervios que la han convertido en una mujer disminuida y atormentada por sus manías y sus depresiones. Arthur, el hasta entonces abnegado padre y esposo, no resiste más y decide que ya es hora de que disfrute lejos de su familia la poca vida que le queda, y se marcha de la casa, dejando a Eva totalmente desconsolada, al borde de la extinción.

Woody Allen, a través de las consciencias de los miembros de ésta familia, recorre algunos laberintos de la condición humana. Tomando a Eva como eje de este universo, hilvana los diversos puntos de vista de los protagonistas (labor que me recuerda al mejor Henry James) contraponiendo sentimientos y obligaciones, dudas y emociones, placeres y recriminaciones. Así, pronto se verán confrontadas las individualidades de los esposos contra lo que debiera ser un matrimonio saludable; los padres mismos serán cuestionados por las hijas y viceversa; éstas se confrontarán entre ellas y con sus respectivas parejas; la sinceridad abandonará el traje de la lástima para convertirse en hirientes palabras, silenciadas durante años. Las vanidades y anhelos, con rasgos de culpa y envidia, se sentaran a la misma mesa en que la soledad, el arte, el egoísmo, el matrimonio y la vejez son mal disimulados ante la demencia de Eva, la madre, quien sufre un destino que ha sometido también al de su familia.
Interiores” es, quizás, la película más bergmaniana de Allen, tanto por el tratamiento de temas propios del genio sueco (el amor, el matrimonio, el adulterio, la nostalgia por la pérdida de la inocencia) como por el tacto escénico y fotográfico que, con cierta melancolía, me hizo recordar algunos pasajes de “La Pasión de Ana”, “Gritos y Susurros” y por ende, a mi querido y ya difunto Sven, el director de fotografía de Bergman.

Woody Allen tal vez no tenga la versatilidad de Eielson para escribir un poemario mayor como “Reinos” (Lima, 1944) y hacer esculturas como “La puerta de la noche” (1948) y cuadros como “Superficie anudada” (1988), pero a veces siento que cuando quiere escribir un buen libro, hace películas como “Interiores”. Y ya que estamos sin estarlo descaradamente inmersos en Literatura, pienso que para cualquier aspirante a escritor o para quienes ya se consideran tales, “Interiores” es una atractiva película que deberían considerar imprescindible.

3 Comments

  1. Woody Allen, podria ser como muchos otros grandes diectores, un cinemano, es decir aquel que hace cine al escribir, un nivel superior al cinefilo, citando en sus peliculas, a jean renoir, a vittorio de sica y al mismo Bergman(incluso llego a recordar el sarcasmo que este hace a Bergman en Manhatan cuando Diane Keaton enaltece la filosofia del director). Woody por tanto es un director de guion( recordando al gran Hitchcock), de dialogos, de discuciones, de las palabras,la mayoria de veces desorbitadas y juguetonas, pero tambien con dramas como el de interiores o match point.

    Pensaba tambien lo bueno que seria llevar al cine el cuerpo de giuli-no, no se si con woody, pero habria que hacer el intento.

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