LOS RIOS EN INVIERNO

Referente a un post del mes de mayo sobre el Premio Nacional de Poesía PUCP 2007, en que mi amigo José Miguel Herbozo obtuvo el Primer Puesto, debo decir que me he visto obligado a desactivar la opción de comentarios (que ya sumaban sorpresivamente 156 al día de hoy) porque ya no se discutía sobre literatura ni sobre el Premio ni sobre nada referente a poesía ni a poetas, sino sobre temas de orden doméstico y personal entre algunos enemistados contra otros. No he leído todos los comentarios. Valgan verdades, hace buen tiempo que ando, en contra de mi voluntad, algo desentendido de mi blog por motivos laborales. Sin embargo pude leer algunas discusiones planteadas en torno a nuestra literatura local; discusiones que me parecieron sino interesantes, atractivas por la pluralidad de diversos puntos de vista (algunos mesurados e inteligentes; otros más criollos e inmediatos). Pero el día de hoy, ojeando la web en mi estrecha hora de almuerzo, noto insultos y escupitajos en algunos comentarios, y eso es algo que no me permito. Para eso, señores y señoritas, existen otros lugares. A quienes pensaron mantener una discusión alturada y libre en torno al tema leterario en estas páginas, mis disculpas. A quienes pensaron en insultar a otros a través de estas páginas, también mis disculpas. Los comentarios en torno al post sobre el Premio Nacional de Poesía PUC 2007, quedan cerrados. No cuento con tiempo para moderar tantos comentarios, ni es mi costumbre hacerlo; más todavía si estos escapan del respeto.

Agregando, he podido leer no sin placer todo el poemario LOS RÍOS EN INVIERNO gracias al envío de mi amigo Chacal, y he quedado gratamente sorprendido por la madurez, inteligencia y sensibilidad de su poesía. Ya lo comentaré a su debido momento con más detalle. No estoy discutiendo quién debió ganar o quién no. Para eso hubiera tenido que leer a todos los participantes; y nadie, salvo el jurado, en el mejor de los casos, lo ha hecho. Espero que podamos seguir hablando al respecto luego de que salga a la venta al público y así poder discutir con más fundamento, pues no creo que muchos lo hayan leído aún. Creo que planean presentarlo para la Feria del Libro de julio, en el Jockey Plaza.

Saludos.

18 Comments

  1. josé miguel herbozo

    LOS RÍOS EN INVIERNO

    Me parece tan humano ese temor,
    esa huella que en la piel nos deja intacta
    una señal de estación cuando atardece
    y unos fieles que regresan a sus casas
    para nacer con el sol.

    En el puerto de noche anclan las naves
    donde fieles oscurecen los senderos,
    un claro resplandor ahora separa
    la paz inanimada de los sueños:
    una sombra aparece de la nada,
    se queda solitaria, allí existiendo.

    Antes era ese mar quien nos habla
    de un camino que llevaba más allá
    de las puertas y ventanas del pueblo,
    la ciudad que arrebata la mirada
    para inventar el tiempo va extinguiendo
    las cosas que uno ha visto caminar;
    hoy sabemos también que el mundo habla
    con el giro del sol amaneciendo.

    Cuando el ojo dice formas que avasallan
    el hombre se sumerge, sin ademán de palabras,
    en el cuerpo que lo ha envuelto sin preludios
    ni extensiones de secreto: el mismo hombre
    repite varias veces, todas por la mañana,
    el rito del silencio, el habla solitaria
    a un más allá tangible que lo ha vuelto
    el centro de sus miedos, la mirada,
    el eje más incierto que lo asombra
    y transforma en lo que calla, y va girando
    hasta ceder al agua, ya secreto.

    Así llega el pescado a la mañana,
    la palabra a la mesa, el hombre habla
    con el cansancio del cuerpo, la mañana
    extensa sobre el río que es incierto
    —como la vida misma cuando calla—
    nos habla con su furia acostumbrada
    el idioma del mar amaneciendo.

    La ceniza hablará de otras mañanas
    de cubrir con su sal el movimiento
    de desplegar una sombra
    sobre el rayo que es eterno,

    el sonido de los puentes bajo el agua
    y un andar por debajo hasta la muerte:

    no habrá estacas para andar otra mañana.

    La ciudad vacante enreda el miedo,
    cómo borrar el mapa, establecerse
    en medio de la nada; una escritura
    sin tinta ni palabras, huella de agua,
    la levedad y el rito que contienen
    un círculo de sal en el silencio
    y manchas en el alma.

    Ya ninguna mañana que esperar
    ni otro valle que habitar bajo las aguas.

    La ceremonia errática del río
    —rictus de tierra y penumbra—

    un horizonte imposible & nuestras manos

    sin tiempo para asirse
    después de la mañana.

  2. Francisvo Villar

    En el primer párrafo se intenta jugar con las palabras. Se juega con ellas, pero se dice muy poco, o nada.

    j.m.h empieza diciendo que le parece muy humano un temor, pero no concluye la idea, no la cierra, no la hace emerger de las tinieblas de su memoria. «Me parece tan humano ese temor/ esa huella que en la piel nos deja intacta» Aquí cambia las imágenes. Si hablas de un temor y le quieres dar forma física, lo llevas sutilmente hacia su materialización, pero no lo eclipsas, lo anulas. El temor es una huella, visto desde j.m.h. Está bien, le aceptamos, quizás nos convenza, pero luego se desvía más de la imagen inicial que él mismo propuso «Me parece tan humano ese temor/ esa huella que en la piel nos deja intacta/ una señal de estación cuando atardece/ y unos fieles que regresan a sus casas/ para nacer con el sol» Total ¿Estábamos en ese tan humano temor? Sí. Luego se quiso pasar a darle forma terrenal ¿Una huella que en la piel nos deja intacta? Así es camarada. Pero lo de la señal de estación se sale de la borda, pierde ilación con el humano temor y la impronta en la piel. Aquí hay solo asociaciones que quien escribe, ve en su cabeza, no hay universalidad. Este autor trata de llevar una fotografía escénica a un poema que empezaba hablar de ese tan humano temor. Y detectamos, que lo que quiso hacer, fue narrar una escena visual, pero es pésimo narrador porque confunde, no es claro. Por eso se siente tan abierto el primer verso de los cuatro restantes: empieza en verso, y termina en prosa, así haya seguido escribiendo en verso. Finalmente, diluye la tensión, nos distrae, y nos incita a no leerle. Aún así, seguimos.

    «En el puerto de noche anclan las naves/ donde fieles oscurecen los senderos» ¿Son fieles, feligreses de una secta, o fieles a algo que no es una religión? No se puede dejar las cosas dubitativas. Se puede dejar dudando al lector, pero no puede quedar como alguien dubitativo el redactor «un claro resplandor ahora separa/ la paz inanimada de los sueños/ una sombra aparece de la nada» Esto es paja, hierba seca, suciedad. Están demás esos tres versos, exceso de adorno que no transmite nada. Pero queda bien la sombra solitaria, allí existiendo.

    El puerto no es relevante en este escrito, mas sí la noche ¿Por qué insistir en narrar escenas ambientadas en un puerto que se hace invisible por el mal manejo de las palabras de j.m.h? Si lo único que hace es ensuciar sus propias ideas «En la noche anclaron naves/ una sombra solitaria se queda allí/ existiendo»

    Y sigue pecando de excesivo «Antes era ese mar quien nos habla/ de un camino que llevaba más allá/ de las puertas y ventanas del pueblo» Rescatamos la idea de ese mar que nos lleva más allá del pueblo. Pero mucha vuelta para resolver. Las buenas ideas de j.m.h, son eclipsadas por su mal manejo de palabras, su intento de prosa poética en versos.

    El cuarto párrafo es un desastre, y recomiendo a j.m.h, antes de querer expresar algo, lo sienta. Caso contrario, se pasará la vida dando tumbos de palabra en palabra, sin nunca encontrar las correctas para decir lo que quiere.

    Y no sigo porque todo es lo mismo, no hay innovación, solo un niño malcriado, jugando con arena en vez de palabras. Todos sus castillos serán derribados por las olas.

  3. Jorge Wiesse

    SOBRE UN POEMA DE MIGUEL HERBOZO

    Impresiona desde el primer momento la voluntad constructiva de [catedral], primer poemario que nos regala José Miguel Herbozo dentro del sello estruendomudo. Cinco secciones que agrupan siempre un número impar de poemas (cinco la primera sección y tres las demás). La recomendación de Verlaine (“Preferez l’impair” ‘Preferid lo impar’) adquiere sentido para establecer relaciones entre secciones o entre poemas. Así, la tercera sección es la central, lo que hace que la primera y la quinta, la segunda y la cuarta mantengan entre ellas relaciones simétricas o especulares. Lo mismo puede decirse de los poemas centrales de cada una de las cinco secciones: [pentagrama], [mediodía], [catedral], [hombre derrotado por el miedo], [último rayo] y [la mirada] .

    La relación entre títulos de poemas y secciones adquiere un relieve particular en la segunda sección: [catedral] no es solo el nombre de un poema o de una sección del poemario, sino de todo el poemario. En las otras secciones siempre puede encontrarse un poema cuyo título coincida con el título de la sección. Como si no fuera suficiente agotar el tema en un nivel y se propusieran diferentes niveles de saturación del sentido, pues resulta siempre insatisfactorio el nivel en el que se está instalado. ¿Podría ser una alegoría del ascensus, de la necesaria trascendencia del sentido?¿De la elevación a la que nos acostumbran las catedrales góticas? ¿De la creación o la asignación del sentido que va de bloque a bloque, como parecen evocar los corchetes ladrillescos que enmarcan a las palabras de los títulos de [catedral]? La parquedad de los títulos, su vocación sintética, podrían connotar la condición de bloque arquitectónico de la palabra que, aislada y luego junta, forma el edificio del libro.¿O será, sencillamente, que los corchetes buscan, más bien, connotar lo acústico o su ausencia, la presencia asordinada de una palabra dicha en el silencio o, sencillamente, colocada de manera provisoria?

    Salvo [la pausa], un poema que remite a una cotidianidad cristalizada, purificada, condensada, a lo Watanabe (el pescado que el sujeto asa en la sartén y que lleva al infarto, en una secuencia –vida y muerte [la del pescado]-vida y muerte [la de quien se lo come]) y que curiosamente parecería jugar con las rimas asonantes (bullía:comida:saliva:día:caída:vida), el resto de los poemas presenta una notable unidad de estilo. En efecto, el verso libre es el marco adecuado para una sintaxis elíptica que avanza por bloques casi discontinuos, como si el poeta hubiera querido matizar la monumentalidad y la simetría de la disposición del libro con esta retórica de lo discontinuo y lo fragmentario. Sin embargo, como en la mejor Modernidad, estas discontinuidades son, además de procedimientos de extrañamiento, modos de catalizar nuevas relaciones, de encontrar en la quiebra de la fluidez la posibilidad de nuevos órdenes.

    Me ha llamado la atención el primer poema, [verbo], pues pienso que en él se pueden observar con algún detenimiento procedimientos y características que también podrían postularse de otros poemas del libro.
    [verbo]

    La voz que se extravía se convierte
    la mariposa tenue
    gira levemente en su alzada:

    palabra que silencias el silencio
    que plena en libertad encubres tu suplicio

    abandona aquel estado de reverberación

    agitación
    estupor que principias estupor

    hoy alimentas
    aquella porción de luz
    que cuelga desde las alturas

    reflejo del paisaje que contempla
    el hábito del hombre cubriéndose de hastío.
    La puntuación siempre guía, aunque sea parcial e intente difuminar o descoyuntar una sintaxis –la poética- que podría percibirse como demasiado lógica. En el caso del poema de José Miguel, pueden encontrarse solo dos signos de puntuación en el poema: el que está al final del tercer verso y el punto final del último. No importa: bastan.

    Los dos puntos parecerían indicar el primer límite. Luego de ellos, la equivalencia de la tercera estrofa, que coincide con una pausa de sentido equivalente al punto aparte. Las tres estrofas finales constituyen una sola oración quebrada por pausas versales y estróficas que refuerzan la impresión de discontinuidad.

    En síntesis: tres partes (los primeros tres versos, desde “La voz” hasta “su alzada”; los tres versos que siguen, desde “palabra” hasta “reverberación”; y, finalmente, desde “agitación” hasta “hastío”).

    La primera parte, a su vez, está dividida en un verso aislado (el primero) que se opone a dos versos seguidos (un dístico). El verso aislado remite a un juego de formación vocabular prefijal: “extra-” + “vía”; “con-“+ “vierte”. En efecto, la voz que sale de la vía (usual, recta, consuetudinaria) se transforma, se convierte, es decir, pasa de un estado de pecado a un estado de gracia, se transforma. La afirmación es, cristianamente, paradójica: el salir de la vía es el vehículo de la conversión; el no seguir la doxa, el camino, la condición heterodoxa, es la ruta para la salvación. El dístico gira sobre la imagen de la fragilidad (que es a la vez condición para su elevación)de la palabra. La palabra es una mariposa (no sé si José Miguel se haya percatado de esta relación, pero para los griegos, mariposa y alma compartían el mismo término: psyché) que es “tenue”, que “gira levemente (la leuis provenzal en acción) en su elevación (“en su alzada”). El verso único inicial y el dístico se complementan: la paradoja está acompañada por el movimiento frágil y elevado. La poesía es un salirse de cauce, pero es la única manera de poder hacer que las palabras de la tribu se conviertan en elevaciones, en iluminaciones. Su condición leve y frágil no hace sino agregar drama y peligro (lo frágil siempre puede romperse) a este acto de ascensión.

    El terceto que sigue, la segunda parte en que hemos divido el poema, agrega una nueva paradoja: el silencio del silencio (“palabra que silencias el silencio”). Como que la condición frágil de esta mariposa que se eleva y que gira levemente en su elevación fuera un mero rayar el silencio, un negar el silencio que a la vez recuerda la condición silente de toda la existencia. La fragilidad tiene, también (en contraste y a la vez refuerzo a la imagen de la palabra-mariposa), una dimensión acústica. La palabra se dice, pero después de ella todo regresa a su condición natural. Todo regresa al silencio. Esta palabra es “plena” y está “en libertad”, pero –y aquí hay otra paradoja- aun “plena” y “en libertad”, ‘encubre su suplicio’. Es decir, la condición dolorosa, liminar, insuficiente, tribal, de la palabra no se extingue ni cuando está “plena” y “en libertad”. El verso final es una exhortación a abandonar el estado de reverberación, de reflejo de otra cosa (¿de la realidad?) para asumir su condición autónoma y libre. ¿Petición de abandono de lo mimético para asumir plenamente lo poético?

    La última parte empata conceptual y fónicamente (“reverberación” rima con “agitación”), en una especie de anadiplosis de significado, con el fin de la anterior. El verso univocabular contribuye a resaltar el término. Le sigue una especie de tautología del asombro: “estupor que principias estupor”. La palabra está en el origen y el origen es el asombro, la actitud filosófica. La epanadiplosis (“estupor”, que inicia el verso, se repite al final) parece sugerir el asombro como actitud original y también como actitud final. Alfa y omega. La palabra nos ubica en el misterio de los orígenes y en el misterio de las postrimerías.

    El dístico anterior, que inicia la tercera parte en que nos parece que es posible dividir el poema, podría actuar como un vocativo. Podría pensarse que la pausa del segundo verso actúa como pausa de vocativo a pesar de la ausencia de coma. Así, estos versos podrían juntarse coherentemente con el terceto que les sigue y con el dístico final. El terceto es una comprobación: la palabra es una iluminación parcial. En efecto, lo es en tanto “alimenta”, es decir, ‘da vida’a la luz que viene de lo alto (la “luz que cuelga de las alturas”), pero que es “porción”, parte, parcialidad en tanto (y aquí se pasa al dístico final) es reflejo (que remite a “reverberación” del verso 6) del paisaje (o sea, la realidad) contemplada por “el hábito del hombre cubriéndose de hastío”. En síntesis, la palabra eleva e ilumina parcialmente una realidad que, sin ella, es vista como hábito, como hastío, en verdad, no es vista. Se trata de la realidad “automatizada”, o del lenguaje “automatizado”, al cual los formalistas rusos oponían la “desautomatización” propia de la poesía. Sí, la poesía es reflejo, pero reflejo transformado por el estupor, que se opone a otra epanadiplosis (conceptual, esta vez): “el hábito” y “hastío”. “Estupor”-“estupor” (verso 8) opuesto a “hábito”-“hastío” (verso 13 y final). La última ilación remite al “spleen” baudeleriano, en tanto la percepción usual y corriente de la experiencia vital es la del embotamiento, la de la alienación perceptiva, la de la ya referida automatización. Pero queda el asombro, identificado con el ideal (para remitirnos también al opuesto baudeleriano del “spleen”). El hábito-hastío-spleen lucha permanentemente con el estupor-ideal.

    Debemos agradecer a José Miguel Herbozo por este poema que tan justamente (con tensión, con drama, sin soluciones fáciles) refleja lo que es la poesía.Nos reafirma en una idea que podría estar contradicha por medios de comunicación o por fantasías informáticas: la poesía está viva. Recordando a Bécquer, podría decirse no que “habrá poesía”, sino que la hay. Más aún, a diferencia de lo dicho por Bécquer, que sugería que no había poetas, José Miguel nos prueba, con datos excelentes, que también los hay.

  4. Francisvo Villar

    Míster Wiesse, la próxima crítica, escríbala en un papel higiénico, y dónela a cualquier colegio estatal con problemas en presupuestos sanitarios.

    Sorprende, lo auto referencial de su crítica, lo iluso y alucinante de su análisis, pues lejos de analizar lo que escribió ese autor, analizó lo que usted quiso ver, forzando imágenes y referencias personales para ponerse a hablar hasta por los codos, de nada, absolutamente de nada.

    Empieza con una cursi y anacrónica visión de la poesía, encerrándola en una aritmética primariosa, que no tiene parangón con la matemática moderna de complejas e infinitas relaciones. Cómo se nota que usted no sabe ni matemática ni música. Luego continúa con otro rollo de tres metros, digno de los baños públicos de entidades estatales, donde se lanza con la absurda comparación de “Catedral”. Señor señor, las catedrales, no se buscan entre los escombros de palabras imprecisas, ni en la imaginación estéril que lleva en su sangre dulce don nadie, las catedrales se ven, impactan, se imponen, a simple vista. Usted ha buscado una relación forzada, ha buscado una catedral colosal en una ratonera y ha encontrado nada. Lo de los corchetes ladrillezcos… Oh my god. No sé si reír o llorar, por soportar un ser tan mulo en asuntos imaginativos.

    Me aburre, me aburre, me aburre. Parece que le hubieran pagado para salir de este apuro, y le puso plumas y lentejuelas a un sapo cabeza de culebra sin patas ni alas. Leo esta parte «El verso aislado remite a un juego de formación vocabular prefijal: “extra-” + “vía”; “con-“+ “vierte”. En efecto, la voz que sale de la vía (usual, recta, consuetudinaria» Y estallo en risas ¿Qué tiene que ver todo este mamarracho de palabras que no dicen nada, si lo que se analiza en poesía es la llegada del autor y no la fonética con la que escribe? En lugar de decir «La voz que se extravía se convierte» se pudo decir «La voz que se pierde se transforma» «La voz descarrilada se transfigura» etc, etc, etc. En cualquiera de estas formas, que pueden ser muchas más, el resultado es el mismo.

    Luego, lee usted lo del estupor que principias estupor y dice «La palabra nos ubica en el misterio de los orígenes y en el misterio de las postrimerías» Pero no se da cuenta que lo que trata de transmitir, aunque sea incosciente, es la circularidad, el ir y venir por el círculo, que atonta, que “alerda”, que produce estupor. De ahí lo exitoso de ese verso.

    Lo de las rimas es basura. Ningún poeta brillante escribe con rimas. Están obsoletas, sirven para las canciones, por su naturaleza onomatopéyica.

    Don Wiesse, siga escribiendo así, pero en papel higiénico, y solucionará la escasez sanitaria de las escuelas públicas.

    Muriendo de risa
    Francisco Villar.

  5. Cintia

    Óscar, ¡borra los mensajes repetidos del tal Francisvo Villar!, además del que entra a ofender sin sentido, es un patán. Las cosas se pueden decir sion ofender y menos escudánsose en el anonimato. Ahi se da uno cuenta de la clase de tipo que es.

  6. No es ofensa sin sentido doña Cintia. No solo yo creo que las universidades particulares peruanas son defectuosas, hay mucha gente en el mundo que así lo cree ¿Es ofender tener una postura mental? Hay mucho argumento para sentenciar que los aquí presentes, no tienen el sentido del arte, y que por ende, son ciegos a la belleza; razón por la cual, los consideramos minusválidos, artísticamente hablando.

    Por mucho que he querido tocar el tema científicamente, no se ha podido, la ignorancia es tal, que difícilmente alguien entiende un fractal o una superposición de estados cuánticos de una partícula. No puede ser patán, alguien que ofrece un debate abierto, y es agredido burdamente por tantos seres invisibles sin talento. ¿Patanes?
    La ofensa es una apreciación tan subjetiva como el color, el sabor, la justicia, la voluntad. Desde la perspectiva de la gente racional, yo no ofendo, manifiesto.

    Mírese bien… si usted fuera la reina de este reino imaginario, mandaría a apresarme, a liquidarme, por el simple hecho de ir en contra de sus ideas y pensamientos… Gente como usted es la que destruyó Alejandrías y silencio a talentosos.

    No me interesa gente tan cerrada que no tiene idea dónde realmente está el norte.

    Con todo el menosprecio que merece un ente totalitario e inquisidor como vos, se despide su ídolo, Francisco.

  7. roberto G

    panchito me caes recontramal pero les tapaste la boca a todos estos pretenciosos que nada tienen que ver con la de Lima….jejeje. pobrecillos.

    panchito, no creo que en mi universidad puedas liquidar tan facilmente a la gente como a estos panfilos que te han quedado chiquititos.

    y me pareces un monse. osea, que mas monses son los de la catolica.

    Universidad de Lima es la voz.

  8. carlos chang

    Hola soy el chino Chang. Soy experto en signos de puntuación. Sé dónde poner una coma, un punto seguido, y acabo de descubrir que el punto y coma, es una mezcla exacta de las propiedades del punto y de la coma. Mi creatividad me ha llevado a descubrir los fascinantes secretos de la puntuación, los cuales difundiré hasta el día de mi muerte.

    No se equivoquen, que para eso estudié toda mi vida.

    La próxima, nos vemos en RTP, para cortar y pegar fragmentos de Vargas Llosa, demostrar mis habilidades de puntero comero, ante una estúpida que no sabe ni dónde está parada.

    Cualquier consulta personal, sobre todo hombres, llamar al 92121202.

  9. JESUS C

    CAGONES DE MIERDA ESTA GENTE SE LO MERECIAN PANCHO Y QUE NO ME JODAN PORQUE NO SOY ESCRITOR NI COJUDECES.

    ALGUIEN TENIA QUE BAJAR DE SU NUBE A ESTOS MARICONES ENGREIDOS,

    ADIOS PACNCHO SIGUE JODIENDO MONOS

  10. Al señor Francisco Villar:

    Una crítica es una crítica, definitivamente no se le puede calificar como ofensa. Comparto con Ud. las ideas respecto del poeta en cuestión, o mas bien respecto del poema.

    A su crítica se le puede calificar de brutalmente honesta, o de salvaje y crudamente sincera y desprovista de compasión, pero una crítica no necesita ser piadosa y a mi parecer no es mal intencionada ni grosera. Tal vez sí un poco destructiva y por momentos burlona, pero (como dije antes) honesta. Claro, es mi punto de vista.

    Al igual que Ud., pienso que el análisis de lo que se pretende decir en un poema es sumamente importante para calificarlo, por ende debe ser importante también para el poema tener una línea de pensamiento clara y definida, sino, no pasaría de ser mas que un conjunto de ideas sin sentido que "suena bonito e interesante" pero que carece se sustancia.

    Solo tengo un punto en contra de todo lo que antes dijo:

    "La rima es obsoleta , y ningun poeta brillante la usa"…

    Estoy en desacuero porque creo que un poeta debe ser mucho más letrado, culto y "Brillante" (para citarlo a ud.) para poder comunicar una idea de manera clara, con elegancia, romanticismo, dolor, amor, pasión y belleza y hacerlo respetando la métrica, el ritmo y la rima.

    Con esto no quiero decir que la poesía sin rima carezca de belleza, por el contraio, creo que la poesia moderna permite más libertad para expresar las emociones e impresiones directamente o por analogía, pero es esa misma libertad la que facilita su escritura.

    Una idea hermosa, sigue siendo hermosa aún estando mal escrita.

    Pero claro, ese mi punto de vista.

  11. Al señor Francisco Villar:

    Una crítica es una crítica, definitivamente no se le puede calificar como ofensa. Comparto con Ud. las ideas respecto del poeta en cuestión, o mas bien respecto del poema.

    A su crítica se le puede calificar de brutalmente honesta, o de salvaje y crudamente sincera y desprovista de compasión, pero una crítica no necesita ser piadosa y a mi parecer no es mal intencionada ni grosera. Tal vez sí un poco destructiva y por momentos burlona, pero (como dije antes) honesta. Claro, es mi punto de vista.

    Al igual que Ud., pienso que el analisis de lo que se pretende decir en un poema es sumamente inportante para calificarlo, por ende debe ser importante también para el poema tener una linea de pensamiento clara y definida, sino, no pasaría de ser mas que un conjunto de ideas sin sentido que "suena bonito e interesante" pero que carece se sustancia.

    Solo tengo un punto en contra de todo lo que antes dijo:

    "La rima es obsoleta , y ningun poeta brillante la usa"…

    Estoy en desacuero porque creo que un poeta debe ser mucho más letrado, culto y "Brillante" (para citarlo a ud.) para poder comunicar una idea de manera clara, con elegancia, romanticismo, dolor, amor, pasión y belleza y hacerlo respetando la métrica, el ritmo y la rima.

    Con esto no quiero decir que la poesía sin rima carezca de belleza, por el contraio, creo que la poesia moderna permite más libertad para expresar las emociones e impresiones directamente o por analogia, pero es esa misma libertad la que facilita su escritura.

    Una idea hermosa, sigue siendo hermosa aún estando mal escrita.

    Pero claro, es mi punto de vista.

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