EL JARDÍN DE PATRICIA

Si tan solo pudiéramos decidir qué recordar y qué olvidar. Qué traer del pasado en frente de nosotros en un momento determinado, poseerlo nítido, audible. O qué extirpar por siempre de nuestra existencia. Pero es imposible. No ejercemos ningún control sobre nuestros recuerdos. La Memoria es un caprichoso y rebelde almacén, desordenado por instinto, y de limitada capacidad. No queda sino resignarse y someterse a sus antojos. Lo heredado –reza una ley del Derecho– es irrenunciable. Así, la nostalgia por lo ido, la resignación por un presente irremediable, la profunda soledad de la convivencia y –siempre asomándose temeroso– un terco deseo de alcanzar aquella imaginada y esquiva perfección llamada Felicidad, acucian a los personajes de Patricia Miró Quesada a lo largo de los diez cuentos que plasman su auspicioso debut literario: Herencia de Familia (Mesa Redonda 2008, 135 pp.)
Debo confesar que siempre me ha atraído el razonamiento de personajes femeninos llevados al límite de situaciones comprometedoras. Sus apreciaciones y reflejos frente a sus relaciones personales. La audacia para compensar y soportar la brutalidad del género masculino. Cierta vanidad ante el demoledor paso del tiempo. La convivencia con aquella aparente insignificancia que, tal vez luego de un silencio desdeñoso, cobra una mortificante notoriedad. Incluso el inteligente discurrir calculándolo todo, pero con aire de una absoluta ignorancia. Este tipo de sutilezas se respira en el universo femenino de Herencia. Un universo regido por un orden en constante amenaza de abandono. Desolaciones que cobran luminosidad tan solo en el pasado; o con el pasado; o por culpa de éste. Las historias de Patricia Miró Quesada parecen debatirse entre el inevitable andar por un mundo al que poco atractivo le queda, y el sentarse a aguardar porque un vendaval las alcance y las borre por completo. Y en ambos casos la persistente duda sobre “lo correcto”, deja un rastro de especulaciones. Unas historias manejadas con más solvencia que otras. Algunas me parecieron algo precipitadas hacia su conclusión, o extraídas de un todo aún en formación. En general, el tratamiento de la temporalidad,  la administración de los narradores y de la voz narrativa me parece destacable en el libro, puesto que es algo difícil de sujetar al hilvanar historias que escapan de lo lineal. Lo mismo que la claridad de un lenguaje amoldado a las situaciones. De entre ellas destacan la historia de Laura: una mujer tiene que vender la casa donde antes vivió feliz con su esposo e hijos, y esto la sumerge en una bruma de decepciones sentimentales en Casa con Jardín (mi favorito); La duda de Josefina entre contarle o no a su marido que le van a extirpar el útero, pone en relieve la fragilidad de nuestras concepciones de pertenencia, identidad y comunicación en Cuestión de Fe; el vertiginoso ritmo laboral de Mónica la confunde, pues no consigue equilibrar el éxito laboral con su desastrosa vida sentimental y su odiada soledad en Cirugía Mayor. Historias de mujeres modernas en un vertiginoso mundo moderno que no parece detenerse nunca por nadie, y menos todavía, por quienes ya dudan en seguirle el paso y, por el contrario, darle la espalda y regresar en busca de lo amado, mientras el tiempo sigue devorándolo todo. ** La editorial presentará este libro el 31 de julio en el marco de la Feria de Libro de Lima.

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