Festival de Lima 2012 / Yo recibiría las peores noticias de tus lindos labios (Brasil, 2012. Beto Brant & Renato Ciasca)

Pero esas peores noticias no están en los labios de nadie sino en la vida de Lavínia, prostituta alcoholizada que encuentra en su camino a Ernani, un pastor evangélico rescatado por “la palabra” de las aguas del vicio y la corrupción en las que Lavínia parece estar chapuceando. ¿Existe un método para volver “al camino”? Pues claro que sí, mírame para creerlo parece extasiarse Ernani entre aleluyas y peroratas de parroquia al decírselo a Lavínia. Una oveja extraviada y un pastor ex extraviado que pretende dejar el extravío con una oveja recuperada “al rebaño del Señor”. Una oveja hermosa y frágil para mantenerlo caliente mientras “vuelve al camino”. Pero ese camino existe desde siempre y mira, aquí está, en estas páginas de la Biblia y la misión (¡Aleluya!) es difundirlo como la fórmula de la eterna juventud al mejor estilo de Moisés y, bueno, se apresura el éxodo de los rehabilitados. 

¿Dónde andan? Han llegado a un pueblucho en la Amazonía brasileña, con río y canoas y mucho verde incluidos y sí, me pregunté ¿adónde se ha metido Ernani? Entre la belleza casi transparente y colorida de la selva, capturada al estilo de la National Geographic, resaltaba como la sarna las travesuras de los hijos de Adán, nosotros, a imagen y semejanza, devastando la naturaleza con la tala de bosques y pozas químicas (¡Aleluya!) cuando de pronto, ¿Eres tú, Lavínia? ¡Pero ese no es Ernani! Claro que no. Es Cauby, el guapo y libertino fotógrafo que vive borracho y perseguido y parece demasiado amigo de la ovejita confundida en el cuerpo de una conejita. ¿Triángulo amoroso? No lo sé. ¿Un triángulo de obsesiones? Tal vez. Y no sé qué tiene que ver la teniente Starling con Hannibal Lecter en este momento pero acá están, lanzándome una frase salvadora: “Sólo se codicia lo que se puede ver”. Claro, ya lo entiendo. O creo entenderlo. Ernani vio a Lavínia y la eligió “para salvarla” porque así amortizaba su deuda con “el de arriba” y, de paso, como buen rehabilitado, vivir cerca del “pecado” para recordar que uno alguna vez fue (¿fue?) pecador. Esa es la misión de Ernani. Una misión imposible, sin bombas ni cronómetros pero con drama personal, porque ¿cómo salvar a quien no quiere ser salvado? 
Una segunda parte más dinámica que la primera, aunque dudando si soltarse o no del estilo impuesto por las mejores telenovelas brasileñas (“contar desde una perspectiva básica melodramática una historia de amor que casi siempre tiene un final”) pero con un giro en la forma de “el villano”, que aquí es el pasado de los personajes y sus inevitables conflictos. Y ya más convencido de la simbología, ¿era el cuerpo de Lavínia la Amazonía? En todo caso, la devastación que palpita a flor de piel en los bosques y humedales vive arraigada en el corazón de Lavínia. Y como a ella, otra víctima nuestra, nadie parece defenderla (¿pero dónde está (estuvo) Ernani?). Moraleja escondida sobre el cuidado de la ecología y la condición humana, contada sin demoras y bañada de imágenes frescas y (¡Aleluya!) buenas interpretaciones, donde el misterio (o lo misterioso) importa poco o casi nada porque lo exótico y el maltrato son ya un misterio sin resolver.

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